Capítulo 23

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Draco comenzó a vestirse, apresurado, puesto que las celebraciones importantes no eran lo suyo. Narcissa había sido clara: ni un minuto más, ni un minuto menos. Una fiesta de disfraces, en el mundo mágico, no era lo que se solía decir en la comunidad muggle. Más que los disfraces, las máscaras y los vestidos extravagantes, era una celebración permitida exclusivamente a las personas ricas o con cierto estatus social, y Draco, quien siempre había sido partícipe de ellas, por primera vez había decidido ir a divertirse y no a conocer personas importantes ni influencias de su padre.

La celebración había sido organizada por Narcissa y la señora Zabini, la madre de Blaise, quien juntas habían coincidido no haber hecho una en años, desde que Lord Voldermort cayó, precisamente. Y no era para menos, después de la batalla nadie había tenido ánimos de asistir a una, ni los más adinerados ni los más pobres, pero después de dos años, volverían a ser tradición las fiestas de disfraces.

Draco estaba agradecido con Merlín porque su padre no se encontraría esa noche en la mansión Malfoy, había tenido algunos asuntos que atender fuera de Londres y no tenía tiempo para fiestas que, según él, eran pasatiempos de damas.

El Slytherin estaba un poco nervioso, pero para nada asustado, en realidad quería llegar a la fiesta tomado de la mano con Harry y observar las caras de todos al ver que el único hijo de la familia Malfoy era novio del famoso Harry Potter.

—Aún no entiendo porque el cambio.—preguntó una voz a sus espaldas.

Draco sonrió, sabía a que se refería Harry con eso. Volvió a observar su cabello recién teñido en el reflejo del espejo.—¿Cuándo has visto un vampiro con el cabello blanco?

—Tú podrías ser el primero. —musitó a sus espaldas, lo que hizo que Draco se girara a verlo por primera vez. A pesar de que vivían bajo el mismo techo, dormían en la misma cama y estaban tan juntos que era imposible separarlos, Draco sintió su respiración agitarse y maldijo dentro de sí mismo porque ya era tiempo de superar las mariposas enloquecidas que luchaban entre ellas por salir de su estómago. Harry vestía un traje completamente negro, a excepción de la capa; que era roja vino. Tenía los ojos parcialmente delineados, con un ligero maquillaje negro, haciéndole parecer más rudo y apuesto, sencillamente le quedaba tan bien que parecía haber nacido para vestir así.

—Estás increíble, tan perfecto. —halagó el ahora pelinegro.—Y creo que es un poco injusto que tú puedas disfrazarte de vampiro sin necesidad de teñir tu cabello.

Harry rió, porque al parecer Draco se había estado aferrando a la idea que los vampiros únicamente podían ser pelinegros, así que a regañadientes y para lograr su causa, se tiñó el cabello blanco de negro, hechizo que encontró en uno de los libros de la bibloteca, junto a muchos otros que trataban sobre la alquimia, porque al parecer, Draco había decidió darle una oportunidad a los libros que, mientras estaba en Hogwarts ignoró. Del heredero Malfoy se esperaban muchas cosas, y estudiar la alquimia era una de ellas.

—Deja de quejarte, no es mi culpa que tu tengas genes Malfoys.—replicó Harry.—Además, tú fuiste él de la idea.

—No te preocupes, Harry. —Draco se observó una última vez antes de ir a su antiguo hogar nuevamente.—Tendremos montones de hijos rubios.

Un pequeño murmullo se escuchó en la habitación, pero para la suerte de Potter, Draco no lo escuchó.—Mientras no salgan con el carácter del padre....

Tres minutos luego y dos personas disfrazadas de vampiros irremediablemente sexys aparecieron frente a los gigantescas rejas puntiagudas de la Mansión Malfoy, tan fría y templada como Draco la recordaba, aunque curiosamente, parecía más liviana sin la presencia de su padre. Las puertas se abrieron inmediatamente ante la presencia del príncipe de Slytherin, quien le sonrió egocentricamente a Harry.

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