Los árboles le comenzaban a dar vuelta a Draco, las nubes grises y la carretera casí desierta hacía que los largos metros que se había mantenido corriendo, pasaran ante sus ojos como cientos millas. Tenía sed, su cuerpo dolía y las heridas que se habían abierto comenzaban a sangrar. Se detuvo en medio, apoyando sus manos en las rodillas y arrojandose a un lado de la carretera para descansar unos minutos. Lo sabía. Sabía que no tenía lógica correr como un demente doce kilómetros, pero lo haría aunque se desmayara, porque entonces eso sería mejor que mantenerse quieto. Pensar en que el amor de su vida se encontraba a un extremo suyo, conectado a tubos y máquinas para vivir, solo lo hacían querer enloquecer.
Ni siquiera se había despedido correctamente de Margaret o de su hermano. En el momento en el que la cara de Harry había salido en el televisor como sobreviviente del accidente automovilístico a metros del aereopuerto de Tailandia, salió disparado como una bala en dirección a la ciudad más cercana de Vulgariak.
Ahora su pecho subía y bajaba con rápidez. No sabía cuento tiempo había estado corriendo, pero sospechaba que se trataban de un par de horas con pequeños intervalos de descanso. Por lo que en este momento, además de tener el corazón a mil por hora, también tenía una sed increíble. Pensaba que podría deshidratarse y morir en menos de un minuto, aunque sabía que eso no era posible.
Para su suerte, un automóvil conducía en la misma dirección a la que él se dirigía. Caminó algunos pasos dentro de la carretera hasta llegar al centro, donde se paró bloqueando el camino y haciendo señas con sus manos.
El auto frenó a centímetros de él. Haciendo que sus ruedas gastadas hicieran un sonido irritante contra el pavimento. Draco suspiró aliviado.
—Hola. Estoy abandonado en esta carretera y casí va anochecer. ¿Podría usted dejarme en la ciudad más cercana?
Había sido una pregunta muy educada, pero lo triste era que iba dirigida a una persona con muy pocos estudios. El viejo que conducía el automóvil lo observó de arriba a abajo. A simple vista, sabía que Draco era un ricachón, y no dudó ni un momento en aprovecharse de aquello.
—¿Y qué me ofrecerías tú a cambio?
Draco frunció el ceño. Fue un estúpido al pensar que esto sería tan fácil. Se observó a sí mismo. Ya no iba con su traje negro ni su ropa fina, puesto que Nicholas la había terminado desgarrando de tanto golpearlo, con suerte y él estaba vivo. Disolvió aquel pensamiento. Ya tendría tiempo de matar aquel cabrón.
—Me gusta ese anillo. —opinó el viejo, señalando su dedo anular.—Lo quiero.
—No. —tajó Draco.—Es mi anillo de bodas, no está bajo negociaciones.
El tipo se encogió de hombros y encendió el motor como gesto de desacuerdo, lo que hizo que Draco se maldiciera a sí mismo. No debía no, no podía bajo ningún motivo perder esa oportunidad.—Es eso o nada.
Estaba en un buen aprieto, pero Draco era un hombre inteligente.
—Está bien. —aceptó.—¿Puedo ir al baño un momento?
El viejo le hizo un gesto con la mano, mientras ponía en la radio una antigua canción. Draco se dirigió tras algunos árboles desabrochandose los botones principales del pantalón. Cuando estuvo bien oculto tras el follaje de las hojas, sacó su varita, la cual se había partido por la mitad trás los golpes, pero había unido sus partes con cinta adhesiva, haciendo que las ramas de madera se unieran un poco entre ellas, y por ende, la magia corría. No era mucho, pero sería suficiente para un hechizo sencillo.
Con un hechizo no verbal, hizo una replica exacta de su anillo de bodas. Volvió a ocultar la varita en su pantalón, junto con su anillo real, y la copia de este se la colocó en el dedo anular, como si nada hubiese pasado.
ESTÁS LEYENDO
¿¡Potter?!
FanfictionHarry tomó una respiración, su abdomen palpitaba en sangre y dolor.-Lo único que sabemos hacernos es daño, Draco. El platinado habló, con tanta pasión como si su vida dependiera de eso, y por su tono de voz, parecía que él también estaba sollozando...
