—Abre la boca. —pidió Harry ante Draco, su tono era calmado y suave, aunque estaba casí a punto de perder la paciencia. Draco, quien llevaba tan solo un día allí, se negaba a comer la comida de la institución. El castaño frente a él rodó los ojos una vez más, mientras alzaba la cuchara de plástico cargada de algún tipo de comida de dudoso color hacía la boca del rubio. Nuevamente, el Slytherin hizo un gesto de desagrado y apartó su rostro de allí.—¡Malfoy abre la puta boca!
Narcissa, quien estaba sentada a un lado de la camilla, abrió los ojos como platos al ver a Harry perder la cordura. El chico hizó un gesto de vergüenza al que Draco no pudo evitar reír. Aunque había pasado tiempo desde que conoció a Narcissa, siempre intentaba dar una buena imagen frente a ella, ya que ella era importante para Draco, y Draco lo era de igual modo, para él.
—Bien. —cedió Malfoy.—; comeré solo un poco.
Harry se sorprendió, llevaba toda la mañana intentando hacerlo, y justo ahora que parecía haber perdido su capacidad para soportar al egocéntrico y malcriado chico frente a él, era que se había decidido por probar bocado.
Alzó la cuchara, nuevamente cargada de aquella comida de hospital que tanto Draco detestaba y la situó frente a los labios del chico, esperando a que estuviera listo. Draco, con toda la picardía del mundo, sonrió, y justo ahí fue que Potter entendió por qué había decidido hacerlo. Draco metió toda la cuchara y su alimento dentro de su boca, y cuando terminó con esta, observó directamente a Harry, sacando la cuchara con una lentitud torturadora, lamiendo cada rastro de esta y poniendo incómodo al castaño.
Harry se revolvió en su asiento, nervioso. Draco era un bastardo, puesto que solo había decidido comer para incomodarlo frente a Narcissa. El elegido miró una vez más a Malfoy, quien limpiaba el borde de su labio de un rastro de aquella sustancia con vitaminas que, según los doctores, le establecería fuerzas. Draco tampoco estaba mejor. El juego, a pesar de que no interfería con él, hacía que Harry se sonrojara y le mascullara maldiciones por lo bajo, esperando a que Narcissa no las escuchara.
Cuando pensó que nada peor podía suceder, el Slytherin volvió hablar, con la mayor normalidad del mundo, como si no acabara de estar provocando discretamente a Harry delante de Narcissa.
—Más. —imbécil, pensó Harry. Mientras que veía a Draco sonreirle con engreimiento.—Harry. —volvió a llamar, haciendo que este saliera de sus pensamientos.—¿Me estás escuchando? Creo que me he decidido a comer de eso.
Draco era un completo cabrón, más aún cuando acababa de decirle hace menos de diez minutos que no comería nada de lo que hubiese en ese maldito hospital muggle. El castaño frunció su ceño, enojado, no dejaría que lo manipulara de esa manera.
—Pues come. —arrojó el tarro de comida pastosa y ligera en la mesita de noche, con la cara tan roja del coraje como el cabello de cualquiera de los Weasleys.—Estás hospitalizado, no discapacitado.
Se levantó con furia, dejando a Draco junto a su madre.
—¿Qué le sucedió? —preguntó Narcissa, confundida, mientras dejaba su tarea de tejer con estambres de colores grises y marrones.
Draco se encogió de hombros.—A veces le resulta difícil cuidar de un Malfoy.
Pasado unos dos segundos como máximo, Harry volvió a entrar en la habitación, pero ahora no venía solo, el doctor que había atendido a Draco en un primer momento venía con él. Sostuvo su cuaderno de pasta entre sus dedos, mirando lo que parecía ser los análisis psicológicos que le habían hecho al rubio, y a los que la especialista evaluó como estable. Harry sonrió cuando lo recordó, Draco era un paciente estable.
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¿¡Potter?!
FanfictionHarry tomó una respiración, su abdomen palpitaba en sangre y dolor.-Lo único que sabemos hacernos es daño, Draco. El platinado habló, con tanta pasión como si su vida dependiera de eso, y por su tono de voz, parecía que él también estaba sollozando...
