La habitación era reducidamente pequeña en comparación con las que había deslumbrado en San Mungo una que otra vez cuando había roto su escoba y herido en un partido de Quidditch.
Draco se encontraba en la cama, con los ojos tranquilamente cerrados y muchos equipos médicos conectados a su cuerpo, algunos medían su pulso y otros se encargaban de drenar a su cuerpo sustancias y vitaminas por medio de una aguja.
El doctor le explicó a Harry que si hubiesen llegado unos minutos tarde, hubiesen tenido que colocarle transfusiones de sangre a Draco para que se sobreviviera, y lo difícil del asunto era el hecho de que, la sangre de Draco, no era parecida ni semejante a la de los muggles, por lo que no le haría efecto alguno, sin embargo, Narcissa estaba dispuesta a donarle hasta la última gota de la suya si eso fuese necesario.
Harry se acomodó en una silla acolchonada a un lado de la camilla, donde yacía Draco acostado, su cabello blanco hacía juego con la ropa de hospital que le habían colocado, y ahora, estando allí tan tranquilamente, Harry no podía dejar de observarlo. Mientras dormía reflejaba una paz que realmente no existía en su vida, por lo que el castaño entendió el por qué Draco quería morir. Su vida solo tenía paz cuando dormía, y morir implicaba dormir eternamente.
—Me alegro que estes vivo, hurón.
—murmuró, con los ojos brillosos por la nostágia que le daba verlo bien, y a la vez, los pensamientos de lo que pudo haber sucedido si no hubiera recibido la carta. Draco tenía unas pestañas blancas rulosas y largas, unos pómulos altos y unos hermosos lunares café debajo de su labio inferior y a un costado de su oreja izquierda. En resumidas cuentas, Draco era perfecto para Harry.
—¿Puedes dejar de mirarme? —Potter pestañeó dos veces, la voz de Draco ronca y gruesa era tan jodidamente adictiva a como la recordaba. Draco abrió su par de grandes ojos grises y le sonrió a Harry como había hecho algunas pocas veces en su vida.—Yo también te extrañé, cabeza rajada.
Inconscientemente y como aquellas palabras fueron saliendo de los labios rosados del rubio, Harry saltó a la camilla de Draco, abrazandolo como si el mundo se fuese a acabar mañana, y en cierta parte, le daba igual que eso sucediera, porque ahora y teniendo a Draco en sus brazos, sabía que la vida podía llegar a ser perfecta.
Malfoy ahogó un gruñido cuando sintió el peso de Harry cayendo sobre él de golpe, después de sonreírle a la nada embobado por unos segundos, se dedicó a abrazarlo con todas sus fuerzas, como si hubiese estado del otro lado por unos minutos y estuviese totalmente seguro de que la muerte, por más fachada de escapatoria que tuviese, no contaba con un Harry Potter en ella.
—Te amo, te amo. —murmuró Harry mientras dejaba millones de besos en los cachetes de Malfoy.—No vuelvas hacer eso, porfavor.
—Yo también te amo, Harry. —sonrió Draco. Dios, Draco casí nunca sonreía y para Potter verlo hacerlo por él, era tocar el cielo con la punta de sus dedos.—Ahora ven aquí y bésame.
Draco volvió a unir sus labios en un beso tan violento como el primero, y aunque en un principio lo había hecho como alternativa para que Harry no comenzara a regañarlo por lo que había hecho, no podía negar que después de semanas sin su contacto, su cuerpo se encendía al mínimo roce. No era para nadie un secreto que Draco era un maldito amo del sexo, los besos, las mordidas, y todos lo demás derivados de la lujuria y el paraíso.
Justo cuando el beso pasó de ser un gesto de amor a uno sexual y las manos inquietas de Draco comenzaron a tocar cualquier parte del cuerpo de Harry, el elegido se separó.
—¡Draco! —chilló, murmurante.—Estamos en un hospital.
—¿Y? —cuestionó, enojado.—Necesito amor, Harry. Te necesito a tí.
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¿¡Potter?!
FanfictionHarry tomó una respiración, su abdomen palpitaba en sangre y dolor.-Lo único que sabemos hacernos es daño, Draco. El platinado habló, con tanta pasión como si su vida dependiera de eso, y por su tono de voz, parecía que él también estaba sollozando...
