Capítulo 10

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—¿Por qué lo hiciste? —Harry acomodó algunas mantas alrededor de Draco, quien se encontraba sentado en el suelo, disfrutando del calor de la chimenea frente a él. Por un momento, lo único que se escuchó en la habitación fue el sonido del fuego crepitar, comiéndose la madera lentamente.

El ex mortifago apartó el toque de Harry, dejó su taza de chocolate en el suelo y volvió a mirar al castaño.
—No sé de que estás hablando.

Llevaban así desde un rato, por más que Harry intentara mantener una conversación con Draco, él lo evitaba en todo momento.

—Sabes perfectamente de que te estoy hablando. —la voz de Harry no sonaba amable ni mucho menos simpática, estaba comenzando a hartarse del trato que Draco le daba, aún después de haber arriesgado su vida para salvar la suya.

—Hablo de por qué saliste afuera en medio de la madrugada. Estaba malditamente helado allá afuera, pudiste haber muerto.

—Sí, pero no lo hice.

Harry sintió toda una tormenta de ira adentrarse en su cuerpo. ¿Cómo era posible que pudiera tratarlo así despues de haber salvado su vida? Era cierto que no iba volver a ocultar sus sentimientos, pero Draco solo sabía hacerlo dudar.

—¿Como puedes ser tan mal agradecido, Malfoy? —escupió Harry, sus cejas arqueadas y sus ojos chispeando verde eran todo un paisaje.

Una respuesta vino tras otra, Draco ladeó la cabeza.—¿Ahora soy Malfoy? Hace unos días cuando estaba entre tus piernas parecías bastante cómodo con llamarme por mi nombre ¿No, Potter? —el platinado hizo énfasis en cada letra del apellido del castaño, parecían doler en su voz.

Harry se ruborizó, y en realidad no sabía si era por la rabia, el enojo, o la incómoda situación.

Malfoy continuó atacando.—En realidad, parecías bastante cómodo acostandote con el hijo de Franz ¿No?

—¡Pero si ni siquiera estamos hablando de eso! —se quejó Harry, con sus mejillas sonrojadas de vergüenza.

—¿Ah, no? —Draco enarcó una de sus cejas castañas brillantes.—¿No querías una maldita respuesta, Harry? Ahí está tu respuesta. ¡Salí afuera porque estaba jodidamente celoso de tí y de Mark, iba a resgresar porque dejé de sentir mis piernas, pero mis ojos comenzaron a cerrarse hasta que me quedé dormido, pero creo que tú estabas lo suficientemente ocupado pensando en Mark como para prestarme atención!

Por un momento, Harry sintió todo lo que Draco le contó de golpe. Sintió la textura de la nieve congelarle los pies, a pesar de que se encontraba en un suelo sólido y caliente, sintió los gemidos agobiantes de Draco al estar quedándose dormido en contra de su voluntad, e incluso la desesperación y resignación a verse morir. Harry lo sabía, había visto documentales sobre personas que morían de hipotermia o rozaban el borde de ella, sabía lo que le hacía el frio a las personas, la manera tan horrorosa en la que llegaban a sufrir torpeza mental o se volvían violentos, incluso podían perder la memoria. Harry movió la cabeza hacía los lados, deshaciendose de esos pensamientos y remplazándolos por una abrupta ira, porque en realidad en aquel momento él estaba pensando en Draco y no en Mark.

Harry frunció los labios, para después alzar su puño cerrado y encestar un golpe inexperto en el rostro de Malfoy. —¡Eres un idiota! ¡Eres un idiota, Draco Malfoy!

Harry quiso gritarle que era un idiota por no darse cuenta de que estaba enamorado de él y que no pasaba un minuto sin pensarlo, pero Draco era muy estúpido como para darse cuenta.

Las orbitas azules grisáceas de Malfoy estában a punto de salir de sus cuencas, llevó su mano hasta el punto donde Harry lo había golpeado, y aunque no le había dolido, palpó un poco de sangre fresca en él.

Todo pasó verdaderamente rápido, Potter nunca había perdido el control de sí mismo como lo había hecho ese día, al fin y al cabo, ese era el efecto que causaba Malfoy en él. Draco, con todo su carácter explosivo, no era ni siquiera capáz de saber la manera en que lograba estimular todos los puntos mentales de Harry, llevándolo a un éxtasis que comúnmente era conocido como amor.

—¿Querías ver la nieve? ¿Querías ver la maldita nieve? —Harry tomó la mano de Draco de manera brusca.—Vamos, entonces.

Malfoy era prácticamente arrastrado por Harry escaleras abajo, donde el sol hacía su mayor esfuerzo por derretir la nieve, pero sin conseguir mucho. Draco no acababa de procesar todo cuando llegaron al jardín cubierto de blanco y el sol los acarició, dando esa sensación
que el rubio tanto amaba: el calor tibio intentar ablandar el gélido frío. Draco no pudo evitar comparar las sensaciones con Harry, eso era lo que él le hacía sentir. Para Draco, Harry era el calor abrazador que intentaba derretir ese corazón helado que palpitaba bajo su pecho, y de igual manera, Harry era el único con la temperatura adecuada para conseguir derretirlo completamente, porque Harry, de una manera u otra, complementaba a Draco.

La vista afuera era tan preciosa que describirla mal sería una perdición. Cientos de copos blancos como el cabello de Draco danzaban en el aire, cayendo lentamente y rompiéndose contra el suelo. Todo el alrededor de Draco daba vueltas en espiral, los árboles, la nieve, el sol rozando su barbilla, el frio recorriendo cada punto de su cuerpo hasta hacerlo temblar ligeramente. Harry estaba a su lado, sus labios y mejillas sonrosados estaban dibujados en una sonrisa genuina.

Draco no pudo evitar sonreír como nunca lo había hecho. En este momento, todo se resumía a ellos, y aunque Malfoy no se había dado cuenta hasta ahora, siempre había sido así.

—¿Qué es esto que estoy sintiendo, Harry?

Harry se tomó unos segundos para pensarlo pero al final respondió.

—Amor, Draco. Esto es amor.

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