Capítulo 2:

3.6K 283 44
                                        

(Notas de autora, casi no las hago para que no pierdan el hilo).

«Diálogos».

"Cartas".

♡♕♡♕♡♕♡♕♡ = cambio de escena dentro del Navier's Pov


Escuchar de nuevo su voz me generó escalofríos, su tono era similar al que usó para cuestionar mi matrimonio con Heinley. Vi por el rabillo del ojo a mis damas agarrar sus faldas e inclinarse para saludar. Sovieshu las ignoró fijando su gélida mirada en mí, posteriormente esta se suavizó al observar el estado aparentemente lamentable de Rashta.

Cual animal asustado y herido, ella le devolvió la mirada. Su semblante enojado se transformó inmediatamente en uno preocupado y le habló suavemente: «No llores». Rashta pareció ignorar sus palaras, pues rompió en llanto. Quise apartar la mirada, pero no pude; mi cabeza seguía repitiendo una y otra vez mis cuestionamientos: ¿era inocente e ingenua o no? Traté de alejar esos pensamientos de mi mente.

Sentí a Laura temblar a mi lado y tomé discretamente su mano tratando de calmarla. Suspiré silenciosamente antes de soltar su mano y decir: «Vámonos, me duelen las piernas». Mis palabras captaron inmediatamente la atención de Sovieshu.

Sovieshu ¿me señaló? Como nunca lo había hecho antes, mientras decía: «Espera. Detente». Al observar que mi atención estaba sobre él, continuó: «Eres la emperatriz, ¿cómo te atreves a hablar así?». Apreté la mandíbula; no me importaba lo que él pensara de mí, pero mi orgullo y reputación serían manchados. Si lo observaba en retrospectiva, si esto era el precio por mantener a salvo a una joven tan buena y leal como Laura, entonces... Valía completamente la pena.

Endurecí mi mirada para contestar: «¿Debo hablarle respetuosamente a alguien que me trata como si fuera cualquiera?». Posé mi mirada en Rashta quien se encogió aún más en la silla.

Sovieshu prosiguió severamente: «Emperatriz. Estabas alejándote de ella». La vergüenza se apoderaba de mí, odiaba dar este tipo de espectáculos en público, esto solo acabaría en rumores retorcidos.

Suspiré incrédula y respondí: «Tiró de mi vestido». Sovieshu no me dejaría ir fácilmente, lo sabía. No le debía explicaciones, pero debía darlas si quería marcharme lo antes posible. Aunque... ¿Esto dañaría mi imagen frente a Heinley? Si eso llegaba a ocurrir, tendría que explicárselo luego, cuando estuviera convertido en Reina.

Su indignación pareció incrementarse, mientras sus palabras, idénticas a las del pasado llenaban el lugar: «¿Qué hay de malo en sujetar un vestido? ¿Es el vestido de la emperatriz más noble que una mano humana?».

Respondí inmediatamente; «Entonces haré que tu sirviente tire del dobladillo de tu capa. Incluso si tu capa no es tan noble como la mano de un humano ¿es eso aceptable?».

Su ceño se frunció brevemente, antes de responder con una sonrisa: «Tus palabras no tienen sentido. ¿Realmente crees que es la misma situación?». No, no era la misma situación; Rashta era una esclava fugitiva, una criminal ante la ley y la iglesia. Incluso un sirviente posee un rango superior al de ella en estos momentos.

Pregunté: «¿Es diferente?».

La seguridad en su voz era palpable. «Lo es».

Suprimí una risa, mientras respondía: «Entonces, ¿Cuál es la diferencia?»

Sin dudar ni un segundo me respondió: «Rashta no es una sirvienta». Apretó el puño al darse cuenta de un detalle... Por más enfadado que estuviera por esta situación no podría darme un castigo demasiado severo. Evité sonreír al imaginar el cómo Heinley se burlaría de lo furioso que esta Sovieshu; después de todo uno de los pasatiempos favoritos de mi futuro esposo era burlarse de mi exesposo. La esperada sentencia fue dicha: «No saldrás de tu habitación en cinco días, todo tu trabajo será enviado a tu habitación». Mas que descontenta estaba agradecida de no tener que ver su rostro los próximos cinco días.

Una vez másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora