(Notas de autora, casi no las hago para que no pierdan el hilo).
«Diálogos».
"Cartas".
♡♕♡♕♡♕♡♕♡ = cambio de escena dentro del Navier's Pov
✧☆✧☆✧☆✧☆✧ = cambio de escena dentro del narrador omnisciente.
Una vez más, estaba sola en la habitación, ahogando mis sollozos en la almohada. Hace tiempo había perdido la esperanza de que esto fuera solo una horrible pesadilla; deseaba tanto despertar y ver el rostro de Heinley y nuestros niños...
El silencio de la habitación, roto únicamente por mis sollozos, me permitió escuchar unos suaves golpes en mi ventana. Al levantar la vista, vi a Reina, quien esperaba que abriera. Traté inútilmente de secar mis mejillas y me dirigí hacia ella para dejarlo pasar. Lo observé saltar a mi cama, recoger sus alas y quedarse mirando fijamente cómo las lágrimas seguían recorriendo mis mejillas.
Aunque intenté evitarlo, mi voz se quebraba un poco: «Llegaste rápido esta vez». Sequé mis lágrimas: «¿Está tu amo cerca?». Sus ojos no se apartaron de mí en ningún momento mientras asentía. Me acerqué a la cama y lo levanté para ubicarlo en mi regazo al sentarme. Él se paralizó y parpadeó múltiples veces; acaricié su pequeña cabeza y desaté la nota de su pata.
"El pájaro se llamará Reina, pero ten en cuenta que es un macho".
Fingí sorpresa: «¿Eres un macho?». Él agitó sus alas indignado. Palmeé su cabeza mientras sonreía. Lo bajé de mi regazo y caminé lentamente al escritorio para escribir mi respuesta: "No sabía que era macho. Es una sorpresa inesperada". Al acercarme de nuevo a la cama, él observó atentamente mi respuesta. Até la nota en su pata y él se fue al poco rato.
Luego de cerrar la ventana, me acosté en dirección opuesta a ella; la visita de Reina me produjo felices sueños.
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La noticia de la fuerte discusión entre Sovieshu y yo recorrió todo el palacio al día siguiente; al igual que el rumor de la lujosa mecedora llena de gemas y metales preciosos que Rashta recibió del emperador. Este rumor avivó la gran historia de amor entre él y su concubina. Lastimosamente para ellos, el ajetreo de la celebración de Año Nuevo silenció todo el asunto.
El recibimiento de los invitados, como en el pasado, se dividió entre el ministro de asuntos exteriores, Sovieshu y yo. Estaba ansiosa esperando aquel anuncio que me llevaría ante mi futuro esposo: «¡Su Majestad! ¡Su Majestad! ¡Llegó alguien del Reino Occidental!».
Pregunté: «¿Del Reino Occidental?».
Respondió: «Si, creo que es el príncipe Heinley».
Intenté no levantarme de casi un salto e hice una seña para que se sentaran de nuevo los funcionarios que revisaban la lista de invitados. Me dirigí al espejo y arreglé mi vestido, tratando de borrar las arrugas inexistentes en él. Salí en dirección a la habitación de la Rosa Blanca, donde se llevaba a cabo la recepción, y al entrar... lo vi.
Estaba delante de toda la delegación a unos metros de mí, con su precioso cabello dorado, cautivadores ojos púrpura y una traviesa sonrisa. Mi corazón dio un vuelvo cuando su mirada se cruzó con la mía. Me acerqué manteniendo un paso constante, ni lento ni rápido, y cual caballero jurando lealtad inclino una rodilla y extendió su mano. No dudé en aceptarla y él tampoco en besarla mientras sus ojos seguían fijos en los míos.
Su profunda y conocida voz resonó en la habitación: «Es un honor conocerla, emperatriz». Soltó mi mano mientras sonreía. Como en mis recuerdos no vi ni un destello de lujuria en su mirada. Un nudo se formó en mi estómago ante la ausencia del acostumbrado apodo. Deseaba tanto lanzarme a sus brazos y recibir su dulce consuelo, pero eso no era posible. La mirada de Heinley seguía en mí, esperando mi respuesta.
Respondí, sin dejarme intimidar por sus astutos ojos: «El honor es mío, príncipe Heinley». Él mantuvo su sonrisa mientras se levantaba. Continué: «Debe haber sido un viaje difícil. Espero que descansen y disfruten aquí hasta el día de Año Nuevo».
Él prosiguió: «Siempre he escuchado elogios sobre el palacio imperial del Imperio Oriental. Es muy hermoso».
Manteniendo la expresión digna que dominaba desde hacía años, respondí: «Espero que se sienta a gusto».
Entrecerró sus adorables ojos, mientras sonreía: «Ya me siento complacido». Evité sonreír; era demasiado travieso.
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El trabajo de oficina disminuyó con la llegada de los invitados. Laura también había regresado a su puesto como dama de compañía y, junto a las otras damas, ni lentas ni perezosas, me interrogaron sobre Heinley. Sonreí ante sus comentarios y escuché el conocido choque del pico de Reina contra la ventana.
Me acerqué para abrir la ventana y dejarlo entrar: «¿Ya estás aquí?». Aterrizó en el alféizar y pestañeó, luego extendió su pata mostrando la nota amarrada. Solté el nuevo mensaje de Heinley.
"Llegué al Palacio Imperial. ¿Sabes quién soy?".
Evité sonreír ante el evidente reto. Observé de reojo a Reina quien me veía curioso. Tomé papel y pluma, sintiendo las miradas expectantes de mis damas: "No sé quien eres, ¿sabes quién soy?". Apenas solté la pluma Reina saltó a mi lado para leer la nota.
Una de las damas dijo sonriente: «Este pájaro es bastante inteligente, su Majestad».
Otra de ellas apoyó: «Incluso mientras limpia sus plumas, parece estar intentando hacer contacto visual con usted».
Sonreí ante el estallido de las risas de mis damas al verlo acercarse más a mí. Reina era un águila muy travieso.
Respondí: «¿Enserio?». Acaricié su cabecita mientras él soltaba un chillido de satisfacción. Sonreí aún más; sabía cuánto amaba este tipo de mimos y era incapaz de negárselos. Amarré la nota a su pata. Después de separarse de mí, agitó sus alas, aterrizó en la cama e hizo una pequeña danza antes de salir por la ventana.
Recordando mis antiguas palabras, murmuré: «Qué pájaro tan inteligente...».
Una de mis damas preguntó: «¿Le gustan los pájaros, su Majestad?».
Sin dudar, respondí: «Sí, creo que son encantadores». Sonreí al recordar a mis pichoncitos, a Heinley en su forma de Reina, y a nuestra segunda Reina.
La Condesa Eliza sonrió: «Entonces, ¿por qué no crías uno o dos pájaros de esa especie, o cualquier otra?». No, era complicado criar a unos pichoncitos. Incluso era complicado criar a uno que ya era adulto, como la segunda Reina.
Laura la apoyó: «Oh, sí. Sería increíble tener un pollito desde el nacimiento». Me estremecí al recordar lo doloroso que fue el parto de Lari y Kai.
La condesa exclamó emocionada: «¡Vamos a buscarlos!».
Negué rápidamente: «No. Ver uno es diferente a criarlo». Suspiré, sabiendo lo que venía: «No he visto a la Vizcondesa Verdi desde ayer...».
Ante la mención de la vizcondesa, Laura expresó su preocupación: «Ella tuvo que volver corriendo a su propiedad».
Pregunté: «... ¿Problemas de nuevo?».
Las damas se miraron entre sí antes de que una de ellas respondiera: «Escuché que su hijo estaba apostando en el extranjero».
Otra de ellas continuó: «Y el vizconde estuvo con una mujer casada. El marido de la mujer lo demandó». Volví a suspirar, aquí vamos de nuevo.
Editado: 11/07/2026.
Atte: Sana~i.
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Una vez más
Fiksi PenggemarLa emperatriz Navier despierta el día en que el emperador Sovieshu conoce a Rashta. Nuestra bella emperatriz perfecta tiene todos sus recuerdos, quiere regresar con Heinley y tener a sus hijos, ¿logrará divorciarse y casarse con su amado de nuevo? ©...
