Capítulo 20

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Refugio se durmió y Julián la arropo. Salió del dormitorio y se dirigió a la sala. En el camino iba flexionando su mano porque le estaba empezando a doler horrores. Todos seguían ahí en silencio, asimilando lo que había sucedido minutos antes.

—Déjame verte la mano -Pidió Edmundo cuando lo vio llegar-

—No es nada -descarto- Refugio acaba de dormirse. Les pido disculpas por la escena tan lamentable que presenciaron.

—No tienes que disculparte. -Julieta se detuvo frente a él- No fue tu culpa, sino de la loca de tu ex mujer, y perdóname que lo diga así.

—¿Paola Mendoza es tu ex esposa? -Patricio estaba sorprendido-

—¿La conoces? -le pregunto Julian-

—Nos hemos cruzado varias veces en los juzgados -admitió. y se guardo que también habían compartido varios almuerzos- pero no sabia que era tu ex mujer.

—Primero te salen unos hijos que según tu no sabias nada, pero eso no es todo, porque el combo lo completa una ex desquiciada -Edmundo no podía guardarse aquello- Espero que tengas los pantalones bien puesto para ponerle un límite, porque como vuelva a tocar a mi mamá no respondo.

—Edmundo no es momento -Lucero le reprocho. Julián no estaba para aguantar más idioteces y por la expresión que traía el juez temía que se fueran a los golpes-

—Lucero tiene razón. Además no es culpa del paisano -Miró a Julián- pero coincido con mi hermano en que tomes cartas en el asunto.

—Edmundo sobre mis hijos ya he dado demasiadas explicaciones. No me importa lo que pienses, mientras Refugio siga confiando en mí, en mi fidelidad y en nuestro matrimonio me basta.

—Creo que es tiempo de marcharse -dijo Martina- Señoría, gracias por la invitación. Salúdeme a Doña Refugio.

Chelito le dio un abrazo a Julián dándole su apoyo. Nachito le palmeó el hombro y doña Martina le estrechó la mano que no estaba lastimada. Lucero y Edmundo lo siguieron con un Leo dormido en su carriola.

—Voy a llevarme a Esperanza -Patricio ya tenía el bolso y todo lo que necesitara su hija- ni tu, ni mamá están para hacerse cargo de ella en estos momentos. -Julian le agradeció con un gesto y se despidió de la niña con un beso en la frente-

Los últimos en despedirse fueron Julieta y Apolinar —No dudes en llamarme por cualquier cosa - le pidió la mujer mientras lo abrazaba-

—Me sumo a lo que dice Julieta. Somos tus amigos y estamos aquí para lo que necesiten.

Julián les agradeció y los acompañó hasta la puerta. Cuando la cerró puso la alarma y se dirigió a la cocina por un poco de hielo para la mano. Y pensar que aquel día había empezado de una manera diferente, hizo una mueca cuando el frío hizo contacto con la piel lastimada.

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Rebeca lloraba y también lo hacía su hermano, aunque él parpadeaba para detener las lágrimas. El viaje a su casa lo hicieron en silencio a pesar de que su madre trataba de hablar con ellos. Llegaron al departamento y prácticamente azotaron las puertas del auto al bajarse

—Bueno, ya esta bien no -El enojo en la voz de su progenitora era evidente-

—¿Qué quieres mamá que te aplaudamos por lo que has hecho? -Roberto la enfrentó- Refugio no te ha hecho nada.

—La defiendes -incrédula-

—Te desconozco Mamá - la voz de su hija en un susurro ronco- mi papá, ni Refugio se merecían lo que has hecho hoy.

Tiempo de AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora