Pov: Christopher
Vargas se queda estática en la puerta, Atenea me mira furiosa y no debo que se aparte de mí, sé que mil cosas están pasando por su mente y para evitar terminar con el cadáver de Irina en mi oficina hablo.
— Sargento la mandé a llamar para que me explique que carajos paso con mi hijo y se mierda le dijo a mi mujer.
No sé cuál de las dos está más sorprendida ante aquella mención.
— C-coronel yo solo quería tomar a su hijo en brazos— dice tratando de hablar firme.
— ¿En algún momento él te lo pidió?
— Bueno él... él me dijo que... — comienza a divagar y Atenea explota.
— ¡No te dijo nada! Al contrario intento apartarte muchas veces de ti— aquello me enfurece y afinó mi agarre en Atenea antes de que se le vaya encima.
— Tranquila nena— me mira mal— Vargas lo único que quiero es aclarar que lo sucedido hace meses fue una simple follada, deja de decirle a mi mujer que nos seguimos acostando porque sabes de sobra que no es así, ahora lárgate.
— Lo s-siento mucho.
Cuando se va Atenea me mira como si me quisiera arrancar la cabeza.
— Christopher no creo que sea correcto que me llames de esa manera.
Va a empezar con lo mismo de siempre.
— Puedes dejar de recordarme cada puto segundo que pasamos juntos que solo estamos follando.
— Chris solo quiero dejar las cosas claras.
Creí que las mujeres eran las primeras en darse cuenta cuando le gustaban a alguien, pero en visto ella no. Y ya no pienso seguir perdiendo el tiempo.
Tomándola desprevenida la alzó sosteniéndola del culo, el cuál magreo con fuerza y le devoro los labios con desesperación.
Enreda sus piernas en mi cadera, sus brazos en mi cuello, la siento en el escritorio y le empiezo a desabrochar los pantalones ella hacer lo mismo con los míos, pero se detiene.
— Aquí no Chris.
— Esta dormido— trato de levantarla para sacarlos pero se resiste.
— En cualquier momento podría despertar— meda un beso— Vamos al baño.
Entre tropezones nos terminamos quitando la ropa desesperados, siento que podría correrme solo con verla.
Su piel contrasta de manera hermosa con su lencería de encaje negro. Paso mis dedos por el contorno de las bragas.
— No traigo más así que estás no las rompas— sé que es mentira pues siempre trae un bolso con ropa en su auto.
Las hago a un lado, empezando a pasar mis dedos por todo su centro, le acaricio los labios y el clítoris, haciendo que se remueva ansiosa. La siento en la encimera, le separó las piernas lentamente le meto dos dedos, la masturbo unos minutos, después me inclino, y comienzo a besar los muslos.
— Chris...— gime y enreda sus manos en mi cabello guiándome a ella desesperada.
Beso los labios vaginales, haciendo que se le arque la espalda, su sabor es malditamente adictivo, le como el coño como un poseso, chupo, mordisqueo, la embisto con mi lengua sin tener suficiente de ella, le apretaba y pellizcaba sus pezones, y una vez su orgasmo llegó tomé hasta la última gota.
Cuando me levanto me besa desesperada, no espero más y le arrancó las bragas, jadea y no sé si es de impresión, molestia o de placer.
— Te dije que no traía más— reclama
— Siempre traes ropa en tu auto— reparto besos de sus labios a su clavícula.
— A este paso me vas a deber una tienda completa.
— Las que quieras— al igual que con las bragas hago trizas el sostén.
Cuando sus tetas quedan al aire me prendo de ellas, me baja el bóxer y empieza a sacudir mi erección en su mano.
La muevo al borde y me ubico en su entrada, ella cierra los ojos ante la sensación.
— Abre los ojos, quiero que me veas mientras te la meto toda— demandó.
Cuando lo hace me abro paso entre sus pliegues, se le atasca el aire pero no le doy tiempo de adaptarse a mí también, la embisto fuertemente, se pone la mano en la boca para callar sus gemidos.
— Quiero escucharte— trato de quitarle la mano.
— El niño sigue durmiendo, lo vamos a despertar y no me puedes dejar así.
Entierra su cabeza en mi cuello callando sus gemidos y jadeos.
En un ágil movimiento salgo de ella, la bajo de la encimera, y le doy la vuelta levantándole el culo en pompa. Me hundo de nuevo en ella y echa la cabeza hacia atrás.
— Míranos que bien encajamos juntos— nuestras miradas conectan a través del espejo.
Su culo se ve tan exquisito en esta posición que no me puedo contener a darle unas palmadas haciéndola gemir fuertemente.
— Ya no quiero que esto sea solo sexo— me ve desconectada— Quiero que todos sepan quién es el único que puede estar aquí— con una mano le empiezo a frotar el clítoris— Que todos sepan quién es el único que puede tocarte de la manera en cómo yo lo hago— con la otra mano le magreo las tetas, está tan absorta en su placer que solo gime descontrolada— Quiero que seas mía Atenea.
Sus paredes se contraen al rededor mío, dándole su liberación, le doy unas embestidas más y me corro yo también. Se gira temblorosa y la sostengo de la cintura para que no se vaya a caer.
— Yo también quiero Christopher— me da un beso en el pecho y enreda los brazos en mi cuello— Pero desde ahorita te lo digo mi vida, yo no tolero las traiciones ni las mentiras, en el momento que ya no quieras que sigamos juntos me lo dices claro ¿Okey?
— Eso no será necesario, porque no va a pasar— digo seguro.
Se escucha el llanto de Emiliano y ella está por ir, pero se detiene al darse cuenta de que sigue desnuda.
— Vístete rápido y ve con él, y dile a Gustavo que suba mi maleta por favor— me da un pico y se aparta.
Salgo una vez termino de cambiarme, Emiliano está sentado en el sofá con la cara roja por el llanto. Cuando me ve estira sus brazos para que lo tome y lo hago.
— Nunca he entendido porque lloras cuando te despiertas— se acurruca en mi cuello.
Desbloqueo mi celular y le marco a Tyler.
— Dile al jefe de seguridad de Atenea que suba su bolso de ropa a mi oficina— cuando digo su nombre mi hijo la busca con la mirada, cuelgo.
—¿Atty se fue? — pregunta queriendo llorar de nuevo.
— No, está en el baño— eso lo tranquiliza y me siento con él en mi silla hasta que Gustavo entra a mi oficina.
— ¿Necesitan otra cosa señor Morgan? — Niego
— No te puedes ir
Me levanto y dejo a Emiliano en el suelo.
— Teno Hamble.
— Ahorita comemos, le voy a llevar su ropa.
Después de 5 minutos Atenea sale con unos pantalones de camuflaje y un top deportivo.
Emiliano corre hacia ella y lo carga.
— Atty teno hamble— frunce los labios.
— Yo también bebé, vamos a comer.
Nos sentamos y comemos entre mimos y besos de Atenea hacia nosotros, ahora que la tengo no pienso dejarla ir.
SI TIENEN ALGUNA SUGERENCIA NO DUDEN EN DEJARLA 💗
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Siempre fuiste tú
General FictionAtenea Guzmán de la Torre: Una mujer perfecta no solo físicamente, con tan solo 25 años de edad es una empresaria multimillonaria exitosa, también es una de las mejores comandantes que la FEMF ha tenido. Christopher Morgan Harts: Un hijo de puta (có...
