Pov: Christopher
Creí que después de matar a esa escoria todo se solucionaría, que Atenea estaría más tranquila, pero últimamente solo tiene un humor de mierda.
Se pasa la mayor parte del día molesta, encerrada en la casa. En toda la semana busca motivos para discutir sin razón, la escucho llorar cada vez que se ducha, y trata de evitar el tema lo más que puede.
Lidiar con su actitud y con Emiliano hace que los días sean más estresantes. Emiliano está resistiendo los cambios de actitud de su madre. Atenea pide que me lo lleve, pero las horas de trabajo comienzan a ser excesivas; o salgo de madrugada o tengo que quedarme, y Emiliano se fastidia.
Hoy fue el único día de toda la semana que pude tomarme el día libre antes de las reuniones por la noche. Tenemos cita con el doctor con Emiliano para sus vacunas.
Me termino el segundo cigarrillo de la mañana y, antes de encender el tercero, el llanto de mi hijo me hace voltear a verlo.
Viene estirándome los brazos para que lo cargue, pero no lo hago. Me doy un momento para analizarlo y pensar cómo hacer que deje de ser tan sensible.
— ¿Qué? — pregunto, pero él abre sus manos insistente— ¿Por qué lloras ahora?
Me insiste soltando brincos y alzando sus brazos para que lo tome.
— ¡Papii!
— ¿Qué? — quiero que deje sus apegos, pero...
— ¡Papi, abrázame! — pero aunque nunca lo diga, él siempre será una de mis mayores debilidades.
Por lo tanto, hay muchas cosas que nunca me negaré. Antes de que se le ocurra pensar que lo estoy rechazando, lo alzo y lo pego a mi pecho.
Sus ojos, idénticos a los míos, me miran como si quisieran adentrarse en lo más profundo de mí. Creo que se ha calmado por obtener lo que quería, pero me sorprende cuando comienza a llorar abrazado a mí de una forma incontrolable, como si tuviera mucho sentimiento o no sé qué mierda.
Saco un poco de la paciencia que me sobra y me siento en el sofá con él.
— ¿Y ahora cuál es el motivo del llanto? — repito las mismas palabras de siempre.
Él solo niega, removiéndose en mi pecho, humedeciendo mi playera con sus lágrimas.
— ¿No me vas a contar? — niega— ¿Te regañó tu madre?
— ¡Mi mami ya no me quiele!
Atenea lo ha regañado un par de veces estos días, y cuando eso pasa, repite lo mismo.
— Tu madre solo está hormonal, ya te lo dije.
— ¡No, ella ya no me quiele!
Antes de que responda, el sonido de los tacones de Atenea se hace presente, y en menos de nada aparece frente a nosotros.
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Pov: Atenea
Suelto un grito de frustración cuando Emi sale de la habitación sin que lo pueda detener. Me odio, me odio por no poder controlarme. Emi está más sensible de lo habitual, y mi tono de voz al decir las cosas no está siendo el correcto.
Han sido unos días de mierda, lo ocurrido no ha dejado de repetirse en mi mente. Con dificultad, apenas logro dormir, y he tenido unos dolores de cabeza horribles.
Tomo mis vitaminas y, sin importarme otra cosa, bajo en busca de mi hijo.
— Tu madre solo está hormonal, ya te lo dije.
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Siempre fuiste tú
Ficção GeralAtenea Guzmán de la Torre: Una mujer perfecta no solo físicamente, con tan solo 25 años de edad es una empresaria multimillonaria exitosa, también es una de las mejores comandantes que la FEMF ha tenido. Christopher Morgan Harts: Un hijo de puta (có...
