Extra

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Es un pequeño extra del cap 95 pt2.


Pov: Atenea

La puerta es abierta abruptamente y, por mal que se escuche, las mujeres a mi lado dejan de importarme cuando veo en el estado que viene Christopher.

—Mi amor... —me apresuro a él y comienzo a revisarlo; está golpeado, los nudillos los trae ensangrentados, el labio partido, al igual que la nariz, y está ebrio—. ¡¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo esto?!

Alexa es otra que sale de la habitación para socorrer a su marido.

—Christopher, mi vida, ¿qué pasó? —me angustio de que pueda tener algún hueso roto.

—Estoy bien —me pega a su pecho, su brazo rodea mi cuerpo, y con su mano sujeta mi cabeza.

El ritmo acelerado de su corazón es señal de que nada está bien. Alzo la mirada y él no deja de ver a Rachel.

—¿Qué? —su tono de voz gélido hacia Rachel me hace apartarme—. ¿Tú no piensas ir por tu marido o qué?

—Christopher, cállate —lo regaño y se tambalea—. ¿Bren, puedes quedarte con ella? Tengo que curarlo.

—No seas una cobarde, James, y baja con Parker —Christopher arrastra las palabras y me apresuro a sacarlo de ahí.

—Recárgate en mí —lo hace, pero su peso es demasiado—. Ok, ok, no tanto, amor, ayúdame y camina.

Con dificultad logro llevarlo a la habitación, quiere irse a la cama, pero lo siento en el sofá. Su mirada está perdida, sus pupilas están dilatadas, lo cual hace ver sus ojos totalmente negros.

Busco el botiquín en el baño y, cuando regreso, ya se está empinando una botella de whisky.

—Ya, fue suficiente alcohol por hoy.

No me rezonga a la hora que se la quito, le pido que alce los brazos y sonríe pícaro cuando le quito la camisa.

—Al menos dame un beso antes de quererte aprovechar de mí —el alcohol lo pone irónico.

—Te voy a curar... —aclaro, y me toma de las caderas sentándome a horcajadas sobre él.

—Luego.

Con esa fuerza bruta que siempre se carga, rompe mi pijama, dejándome en sostén.

Sus besos desesperados sobre mi cuello y tetas me nublan el juicio por un instante. Busco sus labios, hambrienta, pero al unirlos el sabor de su sangre me hace detenerme.

—Para... te tengo que curar, y no estamos solos —su mirada va rápidamente hacia la cama y ve a nuestro bebé profundamente dormido.

—¿No me vas a decir qué pasó?

No responde, así que insisto de nuevo.

—¿Quién te golpeó?

—¿Quién más va a ser? —la molestia le vuelve.

—¿Bratt? —pregunto lo evidente—. ¿De verdad...?

—¿Que acaso lo dudas? —me reprocha y alza la voz, pero no, con ese aspecto que tiene solo se me afigura a un niño, un niño rebelde—. ¡¿Acaso no me crees?!

—Shh, baja la voz —lo regaño al ver que Emi se remueve—. Yo no dije que no te creyera, es solo que me resulta tan impresionante que haya golpeado a Rachel y a ti también, ustedes son amigos...

—¡Ese hijo de puta no es mi amigo! —Se levanta furioso y se pasa las manos por el cabello.

—Solo estás enojado, mi amor —niega y da vueltas maldiciendo cosas sin sentido.

Siempre fuiste túDonde viven las historias. Descúbrelo ahora