Pov: Christopher
Atenea estuvo muy callada toda la cena, y es más que evidente qué algo le molesta. Y el que se negara rotundamente a ducharnos juntos fue lo último que necesitaba para comprobarlo.
Cuando me escucha entrar a la habitación se apresura a dejar el té en su mesa de noche.
— Te llamo mañana, encárgate de lo que te pedí— le pido a Patrick, Atenea se levanta y la tomo de su muñeca antes de que se marche.
— Suéltame— masculla, ignoro eso negándome a soltarla.
Le doy un par de indicaciones más para mañana tener el día dedicado a mi hijo y a mi mujer, Patrick se despide y solo cuelgo prestando toda mi atención Atenea que batalla en soltarse.
— ¿Qué ocurre?
— No quiero interrumpir tu llamada— suelta rabiosa y no sé qué carajos le pasa — Suéltame, te dejo para que puedas hacer tus llamaditas secretas.
— Era Patrick— digo sin entender su actitud.
En realidad no sé porque le doy explicaciones.
— Da igual, suéltame.
— ¿Qué problema hay en que estés presente y escuches mis llamadas?
— No lo sé, eso dímelo tu— «Son las hormonas Christopher, solo son las hormonas» — ¿No te fuiste en medio de la cena a hablar con quién sabe quién?
El clic en mi mente me hace fruncir el ceño, porque no entiendo de dónde le viene esa repentina desconfianza.
— Era de la central— miento.
Miento porque aún no sé cómo decirle que tengo al bastardo del italiano secuestrado. Y por esa expresión qué hace sé que no me creyó.
— ¿Sí?, o era tu otra familia ¿no? — aquel reclamo me hace fruncir el ceño— Quizás es con ellas con las que pasas todo el día mientras yo me quedo aquí, cuidando a nuestro hijo.
— ¿Qué? ¿De qué otra familia me estás hablando? — intento comprender un poco sus delirios.
— Sabes que no me importa, déjame, tengo que ir a ver a Emiliano, darle o extraerme la leche y revisar a Zeus.
Mueve la mano bajo mi agarre.
— Ya lo hice yo, Emiliano está profundamente dormido, Zeus está bien y yo te puedo ayudar con esto— le agarro una de sus tetas pero me aparta.
— Igual tengo que...
Tiro de su brazo sentándome en la cama y sentándola en mis piernas.
— Deja los celos absurdos, no sabes lo mucho que necesito esto— le abro las piernas— Te he extrañado, estos días han sido una tortura tener que masturbarme con tus bragas— busco su boca con urgencia.
— No estoy de humor.
La ignoro y acaricio su nuca, mientras bajo lentamente abriéndome paso por la tela del albornoz, mi tacto la va encendiendo, más cuando libero uno de sus pechos y lo atrapo con los dientes. No hay juego previo, sin más mi lengua se va arremolinando en su pezón erecto mientras mis manos acarician el piercing de su ombligo.
— Espera— me aparta— No quiero.
Esta demasiado excitada.
— Deja los juegos y dime cuál es tu repentina molestia.
— No quiero follar hoy, es todo— veo su gran mentira.
«Al igual que tú, yo también se perfectamente cuando mientes Atenea»
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Siempre fuiste tú
General FictionAtenea Guzmán de la Torre: Una mujer perfecta no solo físicamente, con tan solo 25 años de edad es una empresaria multimillonaria exitosa, también es una de las mejores comandantes que la FEMF ha tenido. Christopher Morgan Harts: Un hijo de puta (có...
