POV: CHRISTOPHER
«Mentón en alto, espalda recta, mirada altiva y máscara de hielo. Si no saben lo que sientes, nunca hallarán la manera de como joderte»
Regina repite eso a cada nada, sin embargo, nunca ha explicado qué pasa cuando el que sabe todo soy yo.
Apoyo las manos en la mesa. He sido testigo de lo que hace Antoni, de lo que es capaz de lograr, pero ese hijo de puta no es mejor que yo y por ello me niego a elegir nada.
Me encamino a la alcoba rabioso y el ver a Atenea durmiendo otra vez es una cuchilla que me corta el tórax.
— Atenea— quito las sábanas queriendo que se despierte, pero parece que llevara una década sin descansar.
La muevo, pero no reacciona y debo insistir moviéndole la cara.
— ¡Despierta! — alzo la voz y abre los ojos— Levántate.
Le saco los pies de la cama dejándola en la orilla de la misma mientras saco las maletas y llamo a Miranda y a la otra empleada poniéndolas a empacar las cosas de mi hijo y las de nosotros.
— Amor, ¿Qué pasa? — pregunta ella somnolienta y no contesto.
Solo me enfoco en hacer las llamadas que se requieren, entre esos a Alex, pero el principal Reece.
Mi odio hacia Antoni aumenta en cantidades exageradas y los nudillos se me revientan con el puño que le lanzo a la puerta.
— ¡Eh, ¿Qué pasa?! — ella me sujeta el brazo y termino colgando la llamada del ministro. Le miro el vientre y luego la cara. — Es más fácil explicarme lo que pasa que romperte la mano contra la pared.
— Antoni lo jodió otra vez— confieso— ¡Esa maldita obsesión que tiene esa familia contigo nunca me va a dejar vivir en paz!
Me termino alejando al no poder callar lo que tengo dentro.
— Maldigo la hora en la que te metiste con su primo.
— ¿Y crees que yo no? — su voz se pone tensa— No tiene sentido relucir eso ahora.
— ¡Si lo tiene! — no quiero joderlo pero me es imposible no enfurecerme.
Se da la vuelta como si no creyera lo que acabo de decir.
— Creí que lo entendías, ¡¿Crees que yo me hubiera involucrado con el de saber lo que pasaría?!, ¡No eres al único al que le han jodido la vida! — me recrimina y la ira no me deja pensar.
Decido no responderle, o de lo contrario terminaré jediéndolo, aún más.
Afano a Miranda para que termine mientras Alex, como ministro, se encarga de los permisos que se requieren para llegar directamente al CCT. No puedo hablar, no puedo razonar y solo puedo concentrarme en pilotear sobrepasando los estándares protocolarios.
Ella se mantiene atrás con Emiliano, su hermana y los escoltas, en tanto yo maniobro el Jet con el afán de llegar rápido. Entraré en contienda si hablo, si me muevo de aquí y lo único que necesito es saber qué fue lo que hizo ese maldito demente.
La isla no ha cambiado mucho desde la última vez que vine, ella no reconoce el lugar así que me sigue cuando aterrizamos. Echo a Emiliano en su cochecito y se lo entrego a la hermana para que los escoltas los lleven a casa de Reece...
La mujer que trabaja con mi tío nos espera en la orilla donde se abordan las lanchas.
— Mucho gusto, los estábamos esperando— da la bienvenida.
— Al bote, rápido— exijo.
No hay tiempo para saludos porque cuando de Antoni se trata cada minuto vale.
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Siempre fuiste tú
Ficción GeneralAtenea Guzmán de la Torre: Una mujer perfecta no solo físicamente, con tan solo 25 años de edad es una empresaria multimillonaria exitosa, también es una de las mejores comandantes que la FEMF ha tenido. Christopher Morgan Harts: Un hijo de puta (có...
