Pov: Leonardo
Hoy es el gran día de mi princesa, decir que me emociona es muy poco, Sofia lleva toda la mañana apurándome.
Estoy por ir a la habitación donde arreglaran a mi pequeña pero justo la puerta se abre abruptamente y entra ella corriendo y con su carita llena de lágrimas.
— Abuelito...
— ¿Qué pasa mi amor? ¿Por qué lloras chiquita? — me apresuro a tomarla en mis brazos.
Mi niña a pesar de cumplir quince añitos aun es muy pequeña, sin mencionar lo liviana que es.
No me importa que ensucie el traje solo la abrazo intentando que se calme, y cuando lo hace me siento con ella.
— ¿Por qué aún no estás lista mi vida? Esperaba que ya tuvieras puesto tu vestido de princesa.
— Ya no quiero, no quiero ir. ¡No quiero nada!— solloza.
—¿Qué?— me desconcierta por completo— ¿Y se puede saber por qué? Anoche que te fui arropar me dijiste que estabas muy emocionada.
Limpio su carita llorosa e ignoró ese tono con el que está hablando.
— ¡Pero ya no, ya no quiero nada! — se molesta y grita.
— Sabes que no me gusta que te pongas así. no es correcto así que cálmate, y cambiame ese tono, amor.
La reprendo y como niña chiquita se molesta aún más, su carita se pone roja de frustración. toma muchas bocanadas de aire hasta que suspira resignada.
— Lo siento.... pero es que de verdad no puedo.
— ¿Quieres que cancelemos la fiesta? — le pregunto seriamente.
— No, no se puede dice mi mamá— responde pero al mismo tiempo su cabecita indica que si.
— Pero el que te pregunta a ti soy yo, ¿quieres cancelar la fiesta, pequeño amor? — la acomodo en mis brazos como suelo hacerlo desde siempre.
— Se que ya no se puede, pero...— sus ojitos verdes brillan por las lágrimas retenidas y jamás he podido resistirme a eso.
— ¿Y hay algo que abuelito nunca haga por ti? — le sonrió y ella imita mi acción— Si tú quieres cancelar la fiesta lo haremos mi vida, o ¿Dime que quiere mi princesa?
— ¿Lo que sea? — sabe que me tiene a sus pies y asiento.
— Lo que sea— aseguro— Solo pídelo y tu abuelito te lo concederá.
— Ya no quiero la fiesta— mientes, veo su gran mentira y sé que algo en ella va mal, porque nunca me miente.
— Hecho, lo que tú me pidas se hará— sonríe y se levanta intentando irse pero la detengo— Pero para hacerlo debes decirme por qué.
— No, solo ya no....
— Atenea.
Palidece cuando la llamo por su nombre, me ve ofendida por decirle así, cuando se pone de esta manera me es imposible no ver lo consentida que esta.
— Te escucho— insisto— Quiero una explicación convincente, y que me digas porque me mientes.
Duda un momento pero se sienta a mi lado, tarda unos segundo en hablar, sus manitas juegan nerviosas, pero al final lo hace.
— No me quedo el vestido...— se suelta despacio, pero de la nada vuelve a alterarse— ¡No me quedo el vestido por lo horrible que estoy! ¡se me ve fatal y...
Dejo de escucharla, es imposible si anoche quiso ponérselo y le queda igual de perfecto que desde que se lo hicieron.
Atenea se calla cuando mi esposa entra a la habitación, angustiada.
ESTÁS LEYENDO
Siempre fuiste tú
General FictionAtenea Guzmán de la Torre: Una mujer perfecta no solo físicamente, con tan solo 25 años de edad es una empresaria multimillonaria exitosa, también es una de las mejores comandantes que la FEMF ha tenido. Christopher Morgan Harts: Un hijo de puta (có...
