CAPITULO 105

8.2K 409 48
                                        

Pov: Christopher

— ¿Qué quieres hacer? — después de un parde minutos pregunta temerosa.

— Esa pregunta es para ti, necesito que tu decidas si continuamos el embarazo o no.

La aparto un poco de mí y le coloco el oxígeno en su nariz, tomo su mano al ver que los nervios comienzan a invadirla.

— Tengo mucho miedo, demasiadas preguntas.

— Lo sé, pero una cosa a la vez, ahora necesito que no te acojones y tomes una decisión.

— Chris, hay una pequeña posibilidad, y algo en mi dice que nuestra bebé estará bien, no quiero renunciar a ella... yo quiero intentarlo, amare a nuestra princesita como sea que nazca, y podremos llevarla a los mejores hospitales si lo necesita. Yo quiero a este bebé.

Asiento de acuerdo con lo que dice.

— Debes tener presente lo que implica y los riesgos que traerá. No me harás elegir entre las dos, Atenea, porque sabes muy bien cual será mi respuesta. Ya tenemos un hijo Atenea y él no puede quedarse solo.

— No pienses en eso, todo estará bien...

La puerta es abierta abruptamente interrumpiéndonos, no necesito voltear para saber quién es, el llanto automático de mi mujer me da la respuesta.

— Mi amor...— Leonardo se acerca.

— ¡Abuelito, mi bebé...! — me aparto dejando que el la abrace.

No es difícil entender el apego y dependencia que Atenea siéntete hacia él, y hasta el momento no me molesta. Leonardo se esfuerza por mantenerla en esa burbuja de cristal que ha creado para ella y por mi parte también quiero que siga ahí.

— Quítate el oxígeno y no demoren.

No tengo idea de que tan rápido se expandió lo que tiene adentro, salgo en busca de Reece y lo encuentro siendo encuellado en la pared por su hermano.

— ¡No hay nada que hacer, entiéndalo joder!

— ¡No voy a renunciar a mi nieta! — Alex lo manda al suelo.

— ¡¿Y crees que Leonardo va a renunciar a la suya?! — Reece se cansa de recibir los golpes e invierte los papeles.

En otro momento dejaría que se mataran, pero ahora no tengo tiempo para estupideces. Aparto a Reece de su hermano y la mirada de lastima qué me da solo me cabrea más.

— ¿La hiciste entrar en razón?

Atenea sale de la habitación acompañada de Leonardo.

— Vamos a seguir con el embarazo— ella responde segura.

— No estás entendiendo nada.

— Todo lo que quería saber ya está aquí — muevo la carpeta y tomo a ni mujer para largarnos pero este se atraviesa.

— ¿A dónde la vas a llevar? — sigue— La vida de ella está en riesgo, Christopher.

— ¿Qué? — la voz desconcertada de Leonardo réplica.

Lo ignoro e intento salir pero de nuevo me detiene.

— ¡Quítate carajo! — me exaspero.

— ¿Están seguro de querer continuar? Está bien, conocen los riesgos, como doctor y como tío les doy mi palabra de que haré hasta lo imposible por salvarlas a amabas.

Atenea aprieta mi mano esperanzada y no me queda más que asentir.

— Bien.

— Tenemos que movernos— informa el ministro— Venir acá era un movimiento predecible, los Mascherano saben perfectamente que estamos aquí y no desperdiciaran la oportunidad de atacar.

Siempre fuiste túDonde viven las historias. Descúbrelo ahora