Encuentro

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Hannibal continuó visitando el parque infantil durante los días siguientes, y después de cuatro visitas constantes, volvió a encontrarse con Will. Aunque anhelaba presentarse ante el niño, sabía que no podía acercarse directamente por muchas razones. No solo porque aún no había recuperado el habla, sino también porque sería extraño que un niño de trece años se aproximara sin motivo aparente a un niño de tres años, la gente podría malinterpretar el acercamiento como un intento de intimidación por parte de un niño mayor a uno más joven. Por lo tanto, Hannibal optó por sentarse en una banca cercana, fingiendo leer un libro.

Mientras los demás niños se divertían en los juegos del parque, Will se encontraba más interesado en observar un camino de hormigas cerca de un árbol. La soledad del pequeño angel se vio interrumpida cuando una niña un poco mayor que Will intentó entablar amistad con él y se acercó para ver las hormigas juntos, pero fue cruelmente rechazada por Will en el momento en que bloqueó sin querer el camino de las diminutas criaturas. Hannibal desconocía las palabras exactas que Will le dijo a la niña, pero la vio marcharse corriendo mientras derramaba lágrimas. Un brillo de diversión apareció en los ojos de Hannibal ante tan hilarante espectáculo.

Will permaneció agachado en el suelo durante varios minutos, sin moverse en absoluto, totalmente absorto en la observación de las hormigas. Mientras tanto, Hannibal se entretenía intentando descifrar qué era lo que mantenía a Will tan fascinado por esos diminutos insectos. Sin embargo, la paz fue interrumpida por un par de niños que pasaron corriendo cerca del árbol y, por accidente, aplastaron a las hormigas.

La expresión en el rostro de Will se transformó en una mueca de enojo y tristeza, como si quisiera gritar y llorar al mismo tiempo. Sin pensarlo dos veces, Will se abalanzó con uñas y dientes sobre el primer niño que había aplastado a las hormigas

Hannibal observó maravillado a la pequeña cosa salvaje que impartía justicia a aquellos que creía lo merecían.

El alboroto atrajo la atención del hombre que Hannibal había visto junto a Will la primera vez, su padre. Rápidamente, el hombre se acercó para impedir que su hijo siguiera golpeando al niño debajo suyo, el cual pedia ayuda a gritos.

Una vez ambos niños estuvieron separados, el padre de Will se disculpó repetidamente antes de huir del lugar con su hijo en brazos, quien lloraba e intentaba liberarse del agarre.

Esa noche, Hannibal soñó con el rostro de Will contorsionado en la expresión furiosa que tenia mientras golpeaba al niño en el parque. Fue la segunda vez que no soñó con Mischa.




Después de ese incidente, pasó una semana sin ver a Will o a su padre. La ira que se había calmado dentro de Hannibal desde que conoció a Will regresó, incluso peor que antes. Aun así, seguía regresando al parque y esperaba todo el día hasta el atardecer antes de volver a casa.

Una mañana en particular, decidió saltarse sus clases particulares y fue directo al parque infantil, como siempre. Antes de poder escoger un lugar fresco donde sentarse a esperar, una cara conocida pasó cerca de él. Hannibal la reconoció como la mujer que interrumpió el encuentro entre Will y el enorme perro amarillo la primera vez que vio al pequeño ángel. Notó cómo la mujer maldecía entre dientes mientras sostenía una caja de donas de una panadería cercana.

Se puso de pie de inmediato y miró a todos lados intentando encontrar otra cara conocida, pero el parque y las calles estaban prácticamente vacías. Will ni su padre estaban allí. Sin permitir que su decepción lo abrumara, Hannibal se apresuró a seguir a la mujer, sabiendo que podría llevarlo hasta Will.

Sabía que podía estar desarrollando una insana obsesión con Will, pero necesitaba conocerlo. Tal vez, si hablaba con él, su curiosidad se vería saciada y su creciente obsesión se detendría.

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