Un paso más

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Algo oscuro y retorcido. Una oscuridad indescriptible que consumió a Will por unos segundos. No resultó extraño ni le dio miedo; de hecho, se sintió familiar, como si se estuviera reconociendo a sí mismo en ese abismo.

Eso es lo que Will había visto durante su primer encuentro íntimo con Hannibal. Mientras el hombre estaba perdido en su propio placer del orgasmo, sus ojos revelaron aquella oscuridad.

Esa noche, Will fue acechado por una pesadilla recurrente: la imagen de un ciervo negro con pelaje de plumas, un espectro que había habitado sus sueños desde la infancia. Pero esta vez, el ciervo era más grande y estaba acompañado por una figura ominosa: una criatura humanoide de piel oscura y cuernos, similar a la que había presenciado en una escena del pasado relacionada con el Destripador de Chesapeake. Esta nueva visión perturbó al ciervo y huyó. Desde entonces, Will no había vuelto a soñar con él.

Ahora, iba a enfrentar esa oscuridad de nuevo. Quería saber si, al volver a experimentar esa cercanía con Hannibal, vería lo mismo que aquella noche. Necesitaba saberlo.

Al llegar a casa después del restaurante, con las manos aún entrelazadas, Hannibal atrajo a Will hacia sí en un beso profundo y tentador. Mientras se besaban, Hannibal se despojó de su saco y luego le quitó a Will el suyo

—¿Deberíamos subir? —preguntó Hannibal, con una sugerencia implícita en sus palabras.

—A menos que prefieras hacerlo frente a Max y Bella —respondió Will, desviando la mirada hacia la sala. 

Los perros los observaban con curiosidad, acercándose para saludar y luego deteniéndose para observar lo que estaban haciendo

Bella era su tercer perro rescatado, un perro que Will metió a la casa sin decir nada, y Hannibal tardó un tiempo en darse cuenta de su presencia vagando por la casa.

El perro viejo que habían adoptado: Hannibal (un nombre que el Hannibal humano nunca aprobó), había fallecido unos meses atrás después de una larga y feliz vida.

Los perros les ladraron, acercándose con las colas moviéndose de felicidad. Will se agachó para acariciarlos, y ellos se mostraron encantados con la atención recibida.

Hannibal tomó la mano de Will y lo guió hacia las escaleras. Al llegar a la habitacion de Hannibal, lo atrajo hacia sí en un beso apasionado, sus manos acunando el rostro de Will mientras exploraba cada rincón de su boca con avidez, chupando su labio inferior y su lengua hasta hacerlo jadear de deseo.

Después, Hannibal trazó un sendero de besos a lo largo del rostro de Will, desde sus labios hasta su oreja, donde dedicó una atención especial al cartílago, lamiéndolo con delicadeza antes de descender hacia su cuello

Al sentir la lengua de Hannibal sobre su cuello, Will se estremeció cuando su piel fue succionada y luego marcada con una mordida.

—N-no, marcas no… —murmuró Will, su voz temblorosa de excitación y preocupación.

—Tranquilo. Sé lo que hago —susurró Hannibal, mientras continuaba su trabajo y se despojaba de su chaleco, dejándolo caer descuidadamente al piso.

Si dejaban una marca, su padre se daría cuenta. Y  podría resultar incómodo cuando se cambiara de ropa en los vestuarios de la policía.

A pesar de ello, se sentía bien, y Will se aferró a Hannibal, inclinando la cabeza hacia atrás para darle acceso completo. El deseo aumentaba con cada caricia del hombre.

Hannibal lo hizo retroceder hasta que ambos estuvieron sentados en la cama. 

Con habilidad, desabrochó la camisa de Will, dejándola colgar de sus hombros mientras acariciaba la piel expuesta de su torso provocando que los vellos se erizaran y un escalofrío recorriera la espina dorsal de Will. La excitación ya palpitaba en sus pantalones, tangible y ardiente.

Promesa Eterna Donde viven las historias. Descúbrelo ahora