Hannibal suspiró mientras se ponía la bata. No le gustaba volver a trabajar en el hospital, pero debía admitir que sentía cierta nostalgia al hacerlo. Volver a utilizar una bata blanca tenía un aire familiar, aunque no le agradaba del todo porque tenía que quitarse el saco para no sentirse incómodo con las mangas ajustadas de la bata.
Se acercó a la recepción y tomó los archivos de los pacientes a los que atendería ese día. Afortunadamente, lo habían asignado a consultas clínicas y no a emergencias. Aunque las emergencias eran su verdadera pasión, con la posibilidad constante de que un paciente muriera bajo su cuidado, el papeleo que conllevaba no era algo con lo que quisiera lidiar, así que prefería evitar emergencias.
—¡Oh, está empezando a nevar! —escuchó decir a unas enfermeras mientras pasaba junto a ellas.
A través de las puertas de cristal, Hannibal comprobó que era cierto: apenas estaban cayendo un par de copos de nieve. Hannibal reprimió un sonido de inconformidad. Odiaba la nieve; no le gustaban los climas fríos, especialmente cuando no podía tener a Will junto a él. Esperaba poder llegar temprano a casa para verlo.
Revisó sus archivos, notando que le faltaban algunos. Se dirigió de nuevo a recepción, donde estaba la enfermera jefa, una mujer mayor con expresión severa pero amable.
—Disculpe, enfermera Mary, me faltan los archivos de dos pacientes. ¿Cree que podría decirme si los tiene usted? —preguntó Hannibal, con una sonrisa encantadora.
—Claro, Dr. Lecter, deme un segundo —respondió la mujer, disponiéndose a buscar los documentos cuando el estridente sonido del teléfono la interrumpió—. Deme un minuto.
La enfermera contestó la llamada, y Hannibal se apartó un poco, intentando darle privacidad. Sin embargo, los chillidos desesperados de la persona al otro lado del teléfono captaron su atención.
—¡Cálmate! Repite eso, no entendí bien —dijo la enfermera recepcionista, claramente confundida.
—¡La policía va para allá! Los estoy enviando a recepción para evitar que vayan a emergencias y estorben —respondió la voz al otro lado de la línea
—¿Qué sucedió?
—¡Es horrible! Llevamos dos oficiales heridos en una persecución. Uno recibió una herida de bala en el cuello, el otro en el hombro y…
De repente, la puerta de recepción se abrió de golpe. Un hombre con uniforme policial entró acompañado por otros dos oficiales.
—¿Dónde está Graham? ¡Esto no es emergencias! —gritó el hombre, acercándose a recepción y mirando a la enfermera—. ¡Detective Will Graham! ¿Dónde está? Lo trajeron en una ambulancia aquí por ser el hospital más cercano junto a uno de mis oficiales.
Hannibal soltó los papeles que tenía en mano. Retrocedió, incapaz de procesar la información que acababa de escuchar. Estaban buscando a Will, a su Will, a su detective. Acababan de decir que fue herido en una persecución. Esa información golpeó a Hannibal como una ola, dejándolo paralizado por un instante.
La enfermera pareció decirle algo, pero Hannibal ya estaba corriendo hacia emergencias, su corazón latiendo con fuerza en el pecho, cada latido resonaba como un tambor en sus oídos. Cada paso que daba sentía como si el mundo se desmoronara a su alrededor. ¿Will había sido herido? ¿Un disparo? ¿Cuál de los dos oficiales era? ¿El de la herida en el cuello o el del hombro?
No, eso no podía estar pasando.
La mera idea de perderlo era insoportable. La desesperación y el miedo lo impulsaban a moverse más rápido, esquivando a personal del hospital y pacientes.

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Promesa Eterna
FanfictionHannibal Lecter es un niño que perdió todo lo que le importaba a una corta edad. Mientras intenta reconstruir su vida y atormentado por los fantasmas del pasado, es cautivado por un curioso infante. Will Graham acaba de mudarse a Francia con su pad...