—He visto esta mañana a Luc con una rubia en la moto.
Natalia alzó los ojos de los exámenes que corrige como si le hubieran dado unos malos resultados de una biopsia. Manu continúa ajeno a su palidez, centrado en revolcarse en el chisme.
Se acomoda en la cama de Natalia. Prepara sobre el colchón, mechero y cajetilla, mientras derrocha todo el muestrario de muecas asombradas que tiene. Se llevó un cigarrillo a los labios, pero no lo enciende. Le urge la prisa por contarle.
—Naty, salían de su piso y las vi por casualidad. Porque yo estaba en la cafetería esa que hay justo enfrente de su bloque de pisos, ¿sabes cuál te digo?
—Ajam... —Asintió indiferente, procurando ocultar la ansiedad que está sintiendo.
—Pues esa. Y te digo una cosa, Naty... —Hizo una pausa dramática, creando expectación. Se recoloca los hombros de una estridente camisa naranja como si se preparara frente a un micrófono, y suelta un doloroso: —Por la forma en que la rubia se le agarró al subirse en la moto... —Dejó en el aire la apreciación con los ojos brillantes. —Ahí hay algo más. —Concluye alzando unas expresivas cejas de sabelotodo.
—No me digas —apretó los dientes con el estómago revuelto.
—Sí. Eso se nota a la legua. Y tú sabes que tengo olfato para detectar cuando alguien ha follado a lo bestia. —Entrecierra conspirativo los ojos.
El mechero chasqueó como disparos, aun sabiendo cuánto odia Naty que fume en su habitación. Lo saborea satisfecho de su trabajo y espera a que el relato abra paso a la ronda de preguntas. Para su desilusión, Natalia se gira hacia el escritorio, dejándolo en visto. Se centra en los exámenes, intentando manejar la opresora sensación que empieza a castigarle el pecho.
Manu se sacudió el fastidio y vuelve a la carga envuelto en una bocanada de humo. Entorna pensativo los ojos, continuando las pesquisas sin su ayuda.
—Y la cosa es que esa tía me suena... —Lanza al aire. —Y Luc, ayudándola con el casco... embobada, colocándole el pelito con cuidado... ¿Tú sabes? Cómplice.
Sacudió la ceniza, analizando la escena con la mirada perdida en algún rincón de la habitación. Poco le importan los gestos airados de Natalia, in crescendo, y continúa terminando de enfermarla.
—Sí, seguro. Esas han follado. —Pareció satisfecho con su conclusión, dando así las últimas pinceladas a un relato que podría titularse: Manual para romper el corazón de Natalia Guerrero en dos sencillos pasos.
Natalia voltea la silla y lo encara en pie de guerra.
—¿Has terminado?
—Pues no —se quejó, ignorando su cara de perro. —Es que ahora entiendo por qué ya no quedamos para salir. Y tú me dirás que no os habéis peleado, pero vamos... Algo ha pasado, y no me quieres contar que ahora está con esa tía. —Se hace el ofendido, señalándola con el cigarro.
—No me digas más —le contesta airada. —Porque también tienes muy buen ojo para saber cuándo alguien se ha peleado, pero peleado a lo bestia, ¿no? —Manu hizo caso omiso al tono de advertencia y pisó el acelerador, aunque estuviera cambiando de ámbar a rojo.
—Te digo una cosa guapa, que, si vosotras os habéis peleado, no entiendo por qué tenemos que pagar los demás. —Le respondió insolente.
—¿Pero qué coño dices? —Su falta de empatía la está enfermando.
—Pues lo que oyes. Que hasta hace nada estábamos saliendo, finde sí, y finde también.
Exhaló una bocanada de humo que llegó hasta el espacio que ocupa Nat. Aleteó una mano de uñas negras frente a ella, para que no le caiga la bronca.
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La chica del club II
General FictionCarla Ribó, dueña de un exclusivo club nocturno, arrastra un pasado oscuro de abusos y maltrato que han dejado cicatrices profundas en su confianza. Su relación con Guillén Vázquez, una mujer manipuladora, la atrapa en una dinámica tóxica que explot...
