It's...

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Engullida por una nube de humo, luces, música y aplausos, Carla apareció en la entrada de la terraza como un icono de los años dorados de Hollywood. Luc soltó su mano para dejarla en el centro del espectáculo, y un repentino temor se adueñó de su estabilidad.

—¡¡Iniciados y coronados!! ¡Aquí está la cumpleañera! —Tronó el DJ desde la tarima con un sonido ascendente, aupado por el ensordecedor jaleo por parte del público. La música estalló en la noche y todos saltaron a bailar, poniendo en peligro los cimientos de la terraza.

"Tierra, trágame". Ese era el tema que Carla escuchaba en su cabeza; el del Dj no supo identificarlo. Sus ojos hicieron un barrido en busca de Luc, y la encuentra conversando sonriente con un desconocido, que su carisma natural lo volvía amigo íntimo. Al notar que la miraba, le devolvió una mirada de soslayo que le elevó la autoestima por encima de los límites aceptados para el consumo, según la OMS. Carla dibujó una sonrisa ligera, paladeando en bucle sus palabras: Tú también eres mi Dharma. Un nuevo mantra que aceptó como regalo de cumpleaños por parte del universo.

Un camarero planta frente a ella una bandeja, sacándola de su unidireccional visión de la fiesta que se reducía a los ojos de Luc. Acepta una copa con una sonrisa, y se dijo: "Jolines, Carla". "Disfruta de lo que la vida te da, igual que sufriste lo que te quitó". Así que comienza a repartir sonrisas, besos y gracias a un porcentaje elevado de desconocidos, flipando con el despliegue a su alrededor.

De verdad que su hermano podía llegar a ser excesivo, aunque tenía que reconocer que siempre con buen gusto. Abarcó la amplia terraza salpicada de marquesinas como un campo de setas blancas, tachonadas de pequeñas luces colgantes color dorado. A Carla le parecieron insectos revoloteando por el universo en el que esta noche se ha convertido el Dharma. Al fondo, una carpa blanca, sujeta por un cable a una estructura que supuso sería una improvisada consigna, al estar rodeada por los de seguridad como si fuera a aparecer por allí Madonna.

Comienza a caminar, copa en mano y boca abierta, como Alicia en el país de las maravillas. Un patín eléctrico la hizo frenar, pasando por delante de ella como un bólido. Excesivo, pero no extraño dadas las dimensiones de la terraza; era más práctico para moverse de una punta a otra, aparte de divertido. La piscina, iluminada en azul cobalto, desprendía penachos de humo como fantasmas vaporosos al estar climatizada. Sopesó que quizás Javi no había previsto el posible detalle logístico de que esa piscina fuera el destino inesperado de algún patinador beodo. Se llevó su copa a los labios, sonriendo maliciosa.

"Eso me gustaría verlo".

—¿Y esa risita? —Javier se acercó por fin a ella al no temer por su vida. Llevaba el nudo de la corbata flojo y torcido. Carla pidió al cielo que su pensamiento malvado no tuviera contraindicaciones kármicas, y fuera él ese patinador borracho.

—Nada —recoloca su corbata. —Pensando en lo loco que estás.

—Ah, bueno, eso no me preocupa en lo absoluto. —Rodeó su cintura y la hizo caminar hacia su grupo de amigos. —Veo que acerté con el vestido —le guiña un ojo, orgulloso de sí mismo. —Y por cómo te mira tú chica... De pleno —confesó en su oído.

—No es mi chica, Javier —soltó la cantaleta de siempre, aunque no mentía. La verdad es que no sabía qué eran.

—Ay, hermana, lo que tengo que aguantar a mi edad —se tapó los oídos, y cerró los ojos con fuerza. —No quiero ni oírte —protestó, desoyendo tonterías, y suelta su cintura para enlazarse meloso a la de su mujer.

El grupo la recibió en una nube de abrazos. Allí están muchos amigos de Valencia que hace tiempo no veía, y agradece que nadie le eche en cara haber desaparecido tanto tiempo. Se sintió arropada, querida, comprendida y desnudada... No, perdón, desnudada solo es por Luc, que seguía mirándola de esa forma en que solo ella la había mirado.

La chica del club IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora