Herido diario.

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Tú y yo, creando un todo desde las ruinas. Me ayudaste a quitar piedras hasta que llegué a mí y vi que lo que sentía tenía forma y sabor a verano. De fruta colgando en los árboles, madurando al sol. De carne temblando emocionada. De recreo y fe. De final de orgasmo pegada a tu oído. De las mil formas que inventamos para decirnos, te quiero. De tú yo en mí, y de mí todo, en ti y contigo.

Ya no juego a adivinar que sería ser feliz, porque encontré una forma nueva de escribir en tu piel mi nombre. ¿Te la explico? Es esta, mira: Pongo la yema de mis dedos sobre tu cuerpo, y así, donde acabo yo, empiezas tú. Y escribo: "te quiero", haciéndote cosquillas. Y tu piel, que de normal quema, la veo cambiar a estado líquido.

Me gustan las sonrisas que me clavas por la espalda, cuando me respiras al oído. Me gusta tu humedad, que me ha hecho dejar de ser desierto. Estoy atada a ti por algún hechizo que escondes bajo la piel, y a tus jadeos inconexos, que se han vuelto nuestro lenguaje secreto.

Ahora mi corazón baila bonito. Con un ritmo libre y nuevo en mis caderas. Amo y deseo a la misma fiera, temo y rezo al mismo Dios. Porque desde que me has besado debajo del alma, se ha encendido una luz que ha cegado a los monstruos.

La chica del club IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora