Vacío.

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Carla pasea por el centro comercial. Una bolsa de papel reciclado, con el logotipo de una tienda de deportes, oscila en su brazo. Se para distraída en un escaparate y sopesa si a Luc le parecerá excesivo que le compre otras deportivas. Sabe que sí, pero le da igual.

Guillén, por su parte, parece una persona más. Una persona como cualquier otra que busca gastarse el dinero en algo probablemente innecesario. Una persona normal y corriente que no carga el resentimiento que siente y no una persona que camina pegada a Carla, porque lo que busca es a ella.

Cuando toma el espacio en el que segundos antes ha estado Carla, llega a sentir su perfume. ¿Era nuevo? Se pasa la mano por los ojos porque le está costando enfocar. ¿Será presbicia o la kush?, se pregunta.

"Mírala", reflexiona, enganchada a la curva de su perfil. "A veces me doy cuenta de lo guapa que es". "La bonita elíptica que hace su labio, casi tocando su nariz, y por qué no decirlo, lo bien que le quedan los pantalones a esa maldita pijilla vestida de beige y blusa marinera".

Carla extiende sutil la comisura, y a Guillén le angustia no saber qué indecente pensamiento la ha atravesado.

"¿En quién piensas, Carlita?" "¿Quién te ha dado permiso para que pienses?". "Si supieras que estoy aquí, temblarías, y eso... Me gusta". "Terrible, lo sé...". "La gente y su alma de cristal". "Pero dime", "¿quién más te puede hacer temblar así?". "¿La putita de carita de ángel?".

Se acerca un poco más, y duda si es Carla. Está distinta. Como si el esbozo al carboncillo que dejó de ella se hubiera llenado de color. ¿Quién le ha dicho cómo manejar su poder interior? Porque ve que no está guapa, qué va... Le fastidia reconocer que ha alcanzado la octava superior de la belleza, sentirse guapa.

"Qué asco", piensa. Ahora le horroriza ver lo bien que le quedan esos pantalones. Porque ella es consciente, y se muestra. No, peor. Se ofrece como una... "Dagh...".

Carla avanza. Guillén la sigue. Carla para y ella frena, gira y se mira las uñas, dándose cuenta de que tiene grasa del motor. Carla avanza, y ella se cansa de su indiferencia. De verla y de que no la vea. Y quiere saborear ese miedo en sus ojos cuando la mira. La rabia se le dispara, la urgencia le pica en la yema de los dedos y la paciencia, que nunca fue una virtud que cultivara, la empuja a acercarse. Ella es la primera sorprendida al escuchar que articula palabras a su lado.

—¿Por qué me ignoras?

Carla gira la cabeza y la sonrisa se le esfuma como el disparo a un ave en pleno vuelo. La mirada de pánico que tiene en el catálogo para Guillén regresa, cuando sus ojos oscuros la atrapan como arenas movedizas. Se estanca en esos dos charcos de desdicha, tan negros como las ojeras que los sombrean. Carla le hace un barrido de pies a cabeza como para cerciorarse de que no es una visión. La chaqueta se le ha quedado enorme, y el roto del vaquero ha sufrido algo más que un desgarro estético. Su aspecto desaliñado le cuenta problemas de los que seguro la culpará.

—Se ve que estás muy ocupada comprando cositas, ¿por lo que veo? —En su tono bulle un desprecio burlón. Carla siente un frío que la estremece como si estuviera frente a una ventana abierta en un día de ventisca, y cuando da un paso atrás para soltarse del campo magnético de su presencia, la increpa autoritaria. —Eh, que estoy hablando contigo, ¿dónde coño vas?

A Carla le recorre un reguero de cortisol por la espina dorsal, preparándola para la huida e inconscientemente busca ayuda a su alrededor. Está rodeada de gente, pero sabe que, con la inestable Guillén, es igual que estar sola. Guillén sigue la trayectoria de sus ojos asustados con placer y regresa a ella, que sigue clavada en el sitio, como debe ser.

—¿Por qué dejaste allí el teléfono? —repite. La impaciencia le crispa el labio y Carla se apresura a contestar.

—Ya te lo dije, se acabó —saca fuerzas tras la impresión. —Solo intentaba ayudarte, pero tú, como siempre, quieres más —la acusa con fuerza, y Guillén entrecierra los ojos, incrédula de su contestación.

La chica del club IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora