Show must go on.

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Fue cerrar la puerta, y Carla se encontró con los labios de Luc en una embestida suave. La reverberación de su impaciencia le traspasó hasta la tela del vestido. El cansancio se le borra a cada atacada de esos labios, que llevan toda la noche removiéndole la calma, y el corazón empieza a echar madera, avivando la necesidad en ralentí.

—Mi rubia guapa... —Le murmura, cabeceando su nariz en una de sus caricias de caballo. —Creo que esta noche te he desnudado como unas cien veces. —Y la nueva embestida a su boca la desarma en un gemido.

Luc dibuja una sonrisa maliciosa que Carla nota bajo los labios.

—Y quieres ir por la ciento uno, ¿no? —busca su cara, intentando que le dé apuro.

—Sí —reconoce, sin remordimiento alguno por ser tan obvia.

—Qué poca vergüenza tienes —le regañó un tanto orgullosa, planchándole los hombros de la camisa con las manos. —¿Dónde has dejado la chaqueta, desastre?

—Ni idea —se mira el cuerpo como si acabara de darse cuenta. —¡Ah, por cierto! —Exclama como algo insólito. —Me he enterado esta noche de que soy mayor que tú. —Le hizo reír el deje atontado que el alcohol marcaba en su acento.

—Ah, ¿no me digas? ¿Y cuántos años tienes? —preguntó con sorpresa. Estas cosas le hacen ver cuánto desconocen de sus vidas.

—Veintiocho —responde con cierto orgullo.

—Vaya... qué horror —exageró el disgusto por la abismal diferencia.

—¿Te sientes engañada? —fingió ofenderse. ­—Todavía me queda vida útil, ¿eh?

—Para nada. Todos tenemos secretos —calló, porque incluso a ella le sonó velado. Como si el subconsciente quisiera confesarse ante esa mirada sincera de pecho al descubierto. Pero Luc, perdida en sus ojos, le pregunta con las ganas alineadas en el único objetivo de desnudarla.

—Pues, a mí solo me interesa uno —reclama apretándose contra ella.

—A ver, dime cuál. Quizás sea de los confesables. —Le echó la melena atrás, recreándose en el enredo de alcohol y deseo que turbaba su mirada. Luc le preguntó un tanto dramática por su sino.

—¿Qué me has hecho?

La pilló por sorpresa. Pensó en soltarle algo frívolo, como que todo era producto del alcohol, pero lo cierto es que el interior se le removió orgulloso y sacó pecho. La emoción y los nervios acumulados de toda la noche llegaron al tope y supo que no podría contestarle sin llorar, así que la besó, con la emoción agolpada en la garganta hasta recomponerse.

—Solo devolverte lo que me has dado —articuló algo más repuesta. Luc frotó sus labios por los suyos y paseó las manos desde sus costados hasta alcanzar su culo.

—Pues ha sido con intereses —le gruñó, pegada a su boca, dándole una de sus patadas al romanticismo.

—Ay, Dios...

—Ummm —se le escapó una risita achispada. —La fiesta ha sido una pasada, pero se me ha hecho eterna.

—¿No me digas? —la reprendió sonriente. —Creo que se ha dado cuenta todo el mundo.

—Si pretendes que me dé apuro, pierdes el tiempo —zanjó el tema de una vez, dedicándole una mirada divertida.

—Porque eres una descarada —resolvió feliz.

—No —se defendió, un tanto ofendida. —Porque no puedo evitar ver lo preciosa que eres y lo preciosa que estás. —Carla se escudó de su piropo con el desdén.

La chica del club IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora