Capítulo 14

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Ezra Edevane

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Ezra Edevane

—Eres un bueno para nada. No mereces estar en la realeza. Pareces un estúpido vagabundo.

—Nunca llegarás a ser el rey.

—¡Cállate! ¡Tú no sabes nada de mí! ¡Claro que seré rey!

Me empujó con tal fuerza que caí hacia atrás, sobre el lodo de los cerdos.

—De lo único que serás rey es del reino de la nada —Un golpe—. Eres un tipo bastante extraño con ideas estúpidas. ¿Por qué pensarías que Pardas es humano? Maldito príncipe sin cerebro.

Otro golpe.

—Cole, ya déjalo. Estoy segura de que aprendió la lección.

—¡No! —Empujó a la niña que lo acompañaba—. Este tonto tiene que aprender a cerrar la boca y comenzar a usar la cabeza. Me avergonzó frente a la reina y mis padres. Me importa un bledo que sea el príncipe. Debe pagar.

Su bota café impactó en mi estómago. Me sentía impotente a pesar de saber que yo tenía más poder sobre él que cualquier otra persona en Arahnova por el simple hecho de pertenecer a la realeza. Solo hacía falta que le dijese sobre esto a mis padres para que hicieran algo en contra de Cole y sus amigos que me molestaban siempre que salía del castillo sin escolta real. Sin embargo, sé que no soy capaz de atentar contra ellos ni nadie, así que lo único que hice fue nada. Él me golpeaba repetidas veces y yo sólo me encogí. Escondía mi cabeza de sus patadas, pero el lodo de los cerdos la ensuciaba. Pude sentir un poco sobre mis labios.

—¡Cole, ya basta! ¡Es el príncipe!

Sé que su amiga no se acercó para detenerlo.

—¡Oigan, niños abusivos! Aléjense de él. ¡Fuera!

Su voz transparente y con convicción. Sus ojos avellana y cabello castaño que escondía en un turbante. Su expresión y confianza que me transmitió en cuanto me ayudó a levantarme. Su amabilidad que me hizo caer hipnotizado en cuestión de segundos. Su rostro redondo y sonrisa de oreja a oreja. Todo lo que estaba relacionado con ella me hacía caer hipnotizado y desde esa tarde que llegó a defenderme de los bravucones, supe que, además de admirarla por lo que era, también la amaba.

Mi amiga Elora.

Mi amada Elora.

Mi reina Elora.

—¿Por qué te ríes de mí?

—No me rio de ti, Ezra.

—¿Entonces por qué sonríes tanto? ¿Acaso no crees que tú y yo podamos casarnos y ser reyes de Arahnova? Ya sé que eres mayor que yo, no soy tonto. Pero puedes esperar a que cumpla los veinte años como tú y entonces ambos ya seremos mayores y tú serás mi reina. Así no tendrás que esconderte nunca más. Nadie podrá enviarte a la horca porque tú serás la reina. Una reina que tiene raíces de Pardas.

Lluvia de cenizasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora