Capítulo 59

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Fey Le Brune

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Fey Le Brune

A puño cerrado golpee el costado de su abdomen y luego su sien. Ella se alejó por el impacto y entonces patee la parte trasera de su rodilla para hacerla caer. Usé mis muslos y mis brazos para asfixiarla mientras estaba encima de sus hombros. Mi espada y la suya estaban en el suelo, lejos de nosotras. Ella me enterraba las uñas en los brazos para liberarse y yo recordaba los cantos de cuna de mi madre. Seguí imprimiendo fuerza hasta que logré que Linette se pusiera colorada. Me golpeó una y otra vez los brazos hasta que uno de esos golpes fue con la punta afilada de un cuchillo clavándose en mi piel. La solté y ella me golpeó la nariz con su nuca. Salí disparada de sus hombros con un brazo ensangrentado y la nariz adolorida. Pronto sentí el calor de la sangre llegar hasta mis labios. Antes de que pudiera levantar la mirada, Linette me pateó la cara y causó que mi vista se distorsionara. La oía gemir y buscar aire desesperadamente, pero no podía distinguirla por completo. Quise alcanzar mi espada, pero Linette se adelantó con la suya y se posicionó sobre mí para terminar conmigo. Usé mi don para bloquear su ataque y eso la hizo enfurecer más. Su grito furioso avanzaba junto a su ataque. Temí que atravesara mi barrera. Me esforcé lo suficiente para lanzarla lejos de mí con el Ílino, tal como lo había hecho con Oren.

Linette rodó por la fuente hasta la orilla y se levantó para seguir peleando. La sangre le corría por su sien y su labio inferior tal como a mí con la nariz y el brazo. Caminé hacia mi espada para clavarla en la fuente antes de que Linette llegase. Cuando estuve a centímetros de tomarla, una nube de Amatejo explotó en mi rostro. Retrocedí y observé a Linette. No tenía idea de cómo me había lanzado una nube de Amatejo hasta que la vi sosteniendo unas cápsulas pequeñas. Alzó el brazo para lanzarme otra, pero la mano llena de sangre y enrojecida de mi hermano la detuvo.

Asher Spinster

—¡Arriba! ¡Arriba! ¡Arriba!

—¡Sostengase de mi cuello!

—No puedo apoyar la maldita pierna. Está hecha pedazos.

—¡Lo llevaremos a Kermann para sus cuidados necesarios!

—¡Lo que necesito es encontrar a Fey!

—¡No puede caminar!

—¡LLEVAME CON ELLA!

—Yo sé dónde está.

Neli me ayudó a avanzar entre lo que quedaba del castillo de Arahnova y mientras ella mantenía una mirada tranquila, yo estaba desesperado. Me aterraba saber que ella conocía el paradero de Fey.

Fey Le Brune

Linette rompió las cápsulas que me iba a lanzar en el rostro de mi hermano para después agacharse y golpearlo en las piernas y el abdomen. Esto hizo que Elián la soltara y comenzara a toser por el veneno de Amatejo. Linette dio un paso hacia mí, pero mi hermano ya la había embestido. Elián estaba sobre ella con el brazo sobre su cuello y el pie pisando su muñeca para que no pudiera levantar su espada.

—¡Fey, rápido!

Tomé mi espada y corrí hacia la fuente. De pronto escuché el grito de dolor de Elián y lo observé. De alguna manera Linette había logrado lanzarle el líquido marchito a los ojos. Tal vez ni a Linette ni a mí nos hacía daño, pero a él sí. Lo vi tallar sus ojos una y otra vez con las palmas de sus manos para quitar el ardor y que ya no le quemara ese líquido. Linette aprovechó mi distracción para darme una patada en la espalda que me alejara de la fuente y me hiciera soltar mi espada una vez más. Me levanté enseguida para correr hacia sus hombros y engancharme una vez más para asfixiarla. Linette gruñó y se dejó caer al suelo, así que logró impactarme contra el suelo. Mi cabeza se golpeó con una piedra y a pesar del terrible dolor y la jaqueca, volví a levantarme. Observé mi espada en los pies de Linette y a mi hermano con los ojos completamente quemados.

—¡Muérete!

Esperé la hoja fría de aquella espada, pero nunca llegó. Elián me había alejado de Linette con un empujón y se había colocado en mi lugar. La espada perforó su estómago. El corazón se me hizo pesado, más de lo que alguna vez. Linette solamente bufó y encajó más profundo la espada hasta llegar al oído de mi hermano y susurrarle:

—Eres muy tonto para ser el líder de Pardas.

Linette se giró hacia mí y empuñó mi espada, decidida a matarme. Sin embargo, Elián bufó y su sonrisa amplia iba más dirigida a mí que a Linette.

—¿Te digo algo, pequeña reina? Tu mayor error no fue creer en las mentiras de Deo, sino creer que podrías ganarnos a mi hermana y a mí. No nos subestimes.

Lo vi sacar la espada de Linette de su estómago y clavársela a ella en el mismo lugar. Mi hermano era el hombre más fuerte de la nación después de mi padre. Podía romper un tronco usando solamente sus manos. La armadura que usaba Linette no era un tronco, pero para mi hermano no era tan difícil atravesarla, así que lo hizo. Linette bajó la mirada hacia su estómago perforado y soltó mi espada enseguida. La sangre brotó de su boca y luego me miró, aterrada. Tuvo intenciones de zafarse, pero Elián la tomó del cuello y la acercó a su cuerpo.

—No... —susurró—. ¡NO! ¡NO!

Los ojos marrones de Elián se habían extinguido por las quemaduras, pero me dedicó la expresión más cálida y confiada que me pudo haber dado en todos nuestros años juntos. Él le había prometido a los dioses protegerme y eso hizo. Mis padres estarían orgullosos de él. Sé que lo están.

Me sonrió por última vez de oreja a oreja y desapareció en el precipicio junto a Linette.

—¡NO!

La escuché gritar con desesperación hasta que su voz se perdió en la altura de la montaña.

Mis lágrimas se perdían en la negrura de la fuente marchita y mis piernas no tenían fuerzas para levantarme. Mi familia entera había muerto. Ya no tenía fuerzas para seguir, pero sí coraje. Me llené de ello para levantarme y usar mi espada dorada como se me había dicho desde el principio. La arrastré hasta llegar a la fuente y no la levanté hasta estar frente a ella. Respiré profundo y acabé con mi corazón.

Después, solo hubo luz. 

Lluvia de cenizasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora