A Fey Le Brune siempre le han dicho que es afortunada por nacer con aquel don que le permite controlar el Ílino, una flor dorada con poderes inimaginables que es muy codiciada por la nación que alguna vez traicionó a la suya. Pardas y Arahnova han e...
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Fey Le Brune
Asher despertó.
Quiero creer que la diosa Eliette me ha dado el privilegio de despedirme de él tal como se debe. Neli y Griffin me dijeron lo mucho que quiere verme, pero yo me niego por completo a verle la cara. Es estúpido porque antes de tener esa reaunión espiritual con la diosa Eliette, lo único que quería era verlo despierto y con esos ojos profundos color café oscuro mirándome. La verdad era que Asher no era la única persona a la que no podía ver a la cara. Oren y Griffin también estaban en esa lista al igual que Ezra. No puedo decir que Elián era parte de esa lista de personas porque después de mi reunión con Eliette no hubo poder humano que me borrara el camino de lágrimas que llenaba mis mejillas. Elián no preguntó nada, pero sabía que algo malo se acercaba. Sus brazos musculosos y pesados me abrazaron durante el resto de la noche mientras yo seguía llorando por lo egoísta que estaba siendo. Porque sí. Eso mismo era. Siempre supe que mi deber era proteger el Ílino y a mi gente. Siempre supe que mi deber era velar por el bien de Pardas. Y una parte de mí siempre estuvo segura de que algún día mi final iba a llegar más temprano que tarde. Quizás por esa razón siempre quise cambiar mi realidad. Quizás por eso me pesaba tanto ser quien era. Porque a pesar de ser un gran honor, era también una condena. Los dioses me habían condenado desde el día que nací.
—Ya están todos dentro, ¿estás lista? —Elián había reunido a todos mis amigos en la cúpula de Reika—. ¿Fey?
—No quiero que te separes de mí —Luché por borrar el nudo en mi garganta—. Necesito que me apoyes en esto, Elián.
Los músculos de su mandíbula se tensaron al igual que su mirada. Por más duro que se mostrara mi hermano yo sabía que por dentro estaba hecho añicos. Tomó una gran calada de aire al mismo tiempo que yo y antes de entrar a la cúpula juntó su frente con la mía durante unos segundos. Besó mi frente y tomó mi mano con fuerza. En cuanto las puertas de la cúpula se abrieron, las miradas de todos se posaron en nosotros. Oren y Raven estaban de pie en la esquina, Griffin se encontraba sentado con las piernas recargadas arriba de la mesa central, Neli y Reika se mantenían en una posición firme al lado de la fuente de cascada que había en la pared, Ezra había dejado de mirar el horizonte a través de la ventana de vidrio y Asher se levantó de su silla en cuanto me observó.
—¿Puedes decirnos qué es todo esto? —inquirió Ezra—. ¿Por qué nos has reunido en la cúpula de Reika?
Busqué las palabras correctas para comenzar. Elián se percató de mi inquietud e incrementó su agarre. Respiré una y otra vez hasta deshacerme del miedo a la realidad y cuando levanté la cabeza y observé el rostro de todos, decidí contar la solución a esta guerra.
⁂
Neli y Reika se mantuvieron en su posición. Sin embargo, Oren comenzó a negar varias veces con la cabeza mientras las piernas le flaqueaban. Raven lo ayudó a no caerse mientras intercambiaba miradas con Griffin, quien no podía esconder la sorpresa en su rostro. Ese aire bromista y encantador de él se había desvanecido en el viento conforme contaba todo lo que había visto y charlado con Eliette. Justo después miré a Asher y a Ezra. La reacción de ambos era tan distinta como sus personalidades porque mientras Asher se tocaba el puente de la nariz con preocupación y estrés, Ezra solo se mantenía de pie al lado de la ventana con la mirada perdida y los brazos cruzados.