A Fey Le Brune siempre le han dicho que es afortunada por nacer con aquel don que le permite controlar el Ílino, una flor dorada con poderes inimaginables que es muy codiciada por la nación que alguna vez traicionó a la suya. Pardas y Arahnova han e...
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Fey Le Brune
Nos dieron ropa nueva para usar. Era igual a la de ellos. Yo pedí que la capa de oso blanco de mi padre no fuera quemada junto a los demás ropajes y, aunque uno de los Albas no estuvo de acuerdo, mi madre se la quitó. Al verme en el reflejo del estanque noté algo distinto no sólo de manera superficial, sino que ya no había emoción alguna en mí; ya no podía percibirla igual que antes. Toqué mi cabello, jamás lo había visto tan largo y blanco. Sinceramente no me agradaba en lo absoluto. No podía observarlo más, así que lo sujeté en una trenza gruesa que llegaba hasta la mitad de mi espalda.
—Es increíble lo que haces.
—¿Qué cosa?
—Curar a las personas sin necesidad de hechizos o plantas medicinales. Te pediría que me enseñaras, pero sé que sólo tú puedes hacerlo.
—Sí, es increíble, pero no siempre es lo mejor.
—Curar a las personas siempre es lo mejor.
—El don que poseo, no solo es capaz de curar las heridas y enfermedades de los demás, Neli. También puede absorber su dolor. Hace que desaparezca, pero el dolor siempre necesita un lugar donde esconderse —Mi mano estaba en su pecho—. Y siempre se guarda aquí. A veces es tan cansado absorber el sufrimiento de los demás, Neli.
—Creo que yo sería capaz de soportar algo así.
No hubo más que un silencio entre nosotras. Neli siguió recogiendo agua del estanque con sus ojos evitándome. Ahora que podía observarla con cuidado, me daba cuenta de que parecía molesta. No conmigo. Con ella.
—¿Cómo es que los dioses permitieron que nacieras? Se supone que por eso hubo una guerra. Para evitar nacimientos de semidioses, ¿no es así?
—Fui creada con las lágrimas de los Albas y la tierra fresca que está en la isla. Los dioses me dieron vida solo porque creyeron que era lo único que podía mantener cuerdos a los Albas durante su castigo. Y al ser creada del sufrimiento, puedo percibir las emociones mejor que nadie.
Neli se puso de pie y yo repetí su acto.
—Respóndeme algo, Fey. El amor que sientes por ese hombre, ¿es real?
—Es mi amigo, claro que lo amo.
—Pero el amor para ustedes es distinto —Se acercó a mí. Esta vez ella colocó su mano sobre mi pecho—. No tiene el mismo valor que para ellos. Asher está enamorado de ti y tú lo amas, pero no de la misma manera. Ezra sueña contigo y la curiosidad por él te consume.
—¿De qué estás hablando?
—Del gran poder que tienen los tres.
⁂
Cuando era pequeña me gustaba acurrucarme en los brazos de mi padre hasta quedarme dormida, sin embargo, había veces en las que no podía conciliar el sueño debido a que sentía el poder del Ílino creciendo en mi interior. Era una sensación extraña, tormentosa y a la vez satisfactoria. Conforme más sentía, menos dormía. Entonces mi padre me dejaba tocar la runa de su hombro. Aquella runa que simbolizaba Pardas y su conexión con el Ílino. Siempre comenzaba desde los bordes exteriores hasta terminar en el centro. Lo hacía tantas veces hasta que mis párpados pesaban más que mis ganas de trazar la runa.
—¿Cuándo tendré mi propia runa, padre?
—¿Por qué tanta prisa por tener una, mi princesa?
—Quiero ser igual de respetada y valorada que tú, padre. Los pardianos me quieren porque puedo curar sus enfermedades, pero no me respetan.
—¿Por qué dices eso, Fey?
—Porque me siento como una herramienta siempre que madre me pide curar a alguien. Sé que es mi trabajo por ser la bendecida, pero... a veces es agotador y...
—Fey, tú eres apenas una niña y el único respeto que debería importarte es el de tu familia. Dime, ¿te sientes respetada y valorada por tu familia?
—Claro que sí.
—Ahí está, entonces. No necesitas el respeto de los pardianos para sentirte útil, mi princesa. Ya lo eres. Eres Fey Le Brune, segunda hija de Bastián y Liz Le Brune, próxima líder de Pardas junto a tu hermano Elián.
«Próxima líder» había dicho mi padre esa noche. Nunca creí que aquel título se fuese a cumplir de una manera muy diferente a como la imaginé en mi niñez.
Cuando mi hermano conoció a Gaia y pronto se volvieron una pareja, supe que yo ya no sería líder de Pardas. No me molestaba en lo absoluto, pero seguía deseando tener mi runa de liderazgo. Sin embargo, ahora estoy aquí, frente a él y su mirada inundada de odio y bañada en sed de venganza. Gaia ahora estaba con los ancestros y lamentablemente no había tenido la oportunidad de despedirse de Elián, así como tampoco de su gemelo, Oren. Nunca curé a Gaia, así que nunca pude sentir su dolor, pero podía entender el de su gemelo y el de mi hermano. Para ambos ella ocupaba una parte importante en su corazón y debo admitir que se convirtió en una muy buena amiga para mí.
—Listo.
Mi madre le pidió a Reika que nos ayudase a completar la ceremonia de ascenso. Por lo que los Albas estaban terminando de tatuar las runas que nos hacían oficialmente los nuevos líderes de lo que quedaba de Pardas. Elián y yo nos miramos luego de observar a detalle la runa que invadía nuestro hombro. Oren y mi madre estaban a nuestro costado con posición estoica y mirada orgullosa. Elián y yo nos levantamos de aquellas sillas de madera blanca y nos tomamos de la mano. Yo llevaba puesta la capa de pelaje blanco de mi padre que ya estaba libre de sus manchas de sangre y mi hermano sostenía su lanza firmemente.
—¡El sol ha vuelto a nacer y con él sus nuevos líderes! —anunció Reika—. ¡He aquí Elián y Fey Le Brune, líderes de Pardas!
El montón de Albas gritó y festejó el anuncio. El resto de mi pueblo derramó lágrimas y sus gritos de aliento hacia nosotros para acabar con Arahnova aturdían los oídos. Pude darme cuenta de que Asher estaba en medio de toda esa gente y lo noté observando atentamente hacia mí. Él supo que, de entre todos, solo le prestaba atención a él, así que me dedicó una sonrisa orgullosa y una mirada que me gritaba a los cuatro vientos: «Estaré aquí para ti», «Sabes que estoy de tu lado».
—Estoy muy orgullosa de ambos —dijo mi madre en cuanto se colocó frente a nosotros. Sonreía e intentaba no llorar. Luego, tocó nuestras mejillas—. Tienen el coraje y la valentía de su padre, hijos míos, por favor, nunca olviden eso.
—Vengaremos la muerte de nuestro padre y la de todos los pardianos que asesinaron —dijo con voz hostil—. Vamos a terminar con Arahnova, ¿no es así, Fey?
Los ojos de mi madre y Elián me miraron, esperando mi respuesta. Ellos anhelaban que mi respuesta fuera afirmativa, esperaban que quisiera destruir Arahnova así como ellos nos destruyeron. Sinceramente, sí quería hacerlo, pero había otra parte en mí, una muy pequeña, que seguía pensando que la guerra se podía evitar. Sin embargo, me temo que la opción de buscar paz entre naciones no está disponible en el vocabulario del resto de mi familia y de ambas naciones.