¡Buenas! Otra vez por aquí, espero les guste.
-X-
Harry XXXVIII.
En el salón resonaban risas, canciones y chistes. Los bailarines bailaban; los músicos tocaban melodías con gaitas, flautas y violines; los cantantes entonaban canciones de amor ancestrales de los antiguos dioses del Rhoyne. Corría el vino; no vinos del Rejo, ricos y dorados caldos, o los del Norte, tan fuertes que embriagaban con su simple olor, sino los tintos dornienses, más picantes que dulces. Sin duda, era la forma apropiada de despedir a Elia Martell, antes de emprender la partida.
«Y lo mejor, también será el banquete de despedida de los Targaryen, así que nos ahorraremos otro momento incomodo como este». Harry bebió bebió un trago de vino y vio a Nabos hacer cabriolas al ritmo de «Alysanne», la canción que deleitaba a las damas del salón.
En el exterior, la lluvia caía incesante, pero dentro de Fuerte Pardo, la atmósfera estaba recalentada y enrarecida. En la chimenea, el fuego rugía, y en las paredes, hileras e hileras de antorchas ardían humeantes en sus apliques de hierro. Pero la mayor parte del calor procedía de los cuerpos de los invitados, no porque fuesen muchos, sino porque la tensión resultaba asfixiante.
En torno a una mesa circular, Harry tenía lugar entre Cersei y el Rey, que, además, estaba acompañado por la Reina y la Princesa Elia. También estaban Joanna con el Príncipe Aemon, y el Príncipe Aegon con Lady Margaery. Visenya bebía con mesura, al tiempo que conversaba con Ser Steffon Baratheon. La princesa Rhaenys comía en silencio, no así la Princesa Daenerys, que era todo sonrisas y risas, mientras animaba a Lyarra y Myrcella por su pronta recuperación. Sus demás hijos no habían asistido por su edad.
«Esto es una pantomima-se dijo Harry Potter-. ¿A quién engañamos? ¿Por qué bebemos y sonreímos entre nosotros, cuando la mayoría preferiría desgarrarse la garganta?».
No había nadie más, con excepción de los músicos y sirvientes, que entraban y salían... y las espadas blancas de la Guardia Real, con Tommen entre ellos, de pie entorno a las paredes del salón.
Les sirvieron una docena de carnes y pescados diferentes: ternera, trucha, cerdo, pato y ganso, salmón, además de cabra, jamón y ciervo. Pero la carne por sí sola no hacía una comida, por lo que también había fruta, verdura y cereales. El aire estaba cargado de aromas de azafrán, canela, clavo, pimienta y otras especias valiosas.
Pese a todo, apenas comía, aunque era el único.
«Quién diría ahora que Joanna se estuvo lamentando en silencio por desposarse con el príncipe Aemon». Los desposados comían del mismo plato, bebían de la misma copa y, entre trago y trago, intercambiaban castos besos. Sí aquello tenía algo de real o no, prefería no saberlo, pero alegraba su corazón ver que el matrimonio había nacido del respeto. Y en un costado, Aegon y Margaery resplandecían. Reían de buena manera, intercambiaban chanzas y se mostraban educados. «El futuro de nuestro reino. El príncipe dragón y su dama de las rosas».
Y cuando el Príncipe Aemon suplico el honor de un baile a Lady Margaery, si su hermano estaba de acuerdo, la respuesta del Príncipe de Rocadragón no pudo ser más galante.
-Solo si tú no tienes problema en que tu dulce esposa baile conmigo.
Eso, pese a que era bien conocido del desagrado de Aegon Targaryen por Joanna Stark.
Y mientras ambos príncipes hacían girar a las damas en el salón, desde la mesa les aplaudían con educación. Que bien se veía todo aquello. Grises y Naranjas... ¿Realmente importaba toda esa tontería mientras ocurría aquel baile? Pero luego pensó en el pequeño Tytos Lannister, y su rostro se ensombreció. Sí, un baile bonito, pero no borraba nada.
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Se Acerca el Invierno
FanfictionHarry Potter dejo este mundo..., pero como el Amo de la Muerte, tiene deberes que cumplir. Y los Siete Reinos de Poniente lo necesitan ahora, al ver que el Enemigo llega desde las Tierras del Eterno Invierno. Deberá sobrevivir al Juego de Tronos y g...
