La reina loba.

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Espero les guste.

-X-

Lyanna V.

Fue con una suave caricia en su rostro que despertó.

-¿Qué...?-grazno-. ¿Cuánto he dormido?

Al menos había recuperado la voz, aunque fuera ronca y áspera. Aún tenía fiebre y carecía de la menor noción de la hora. ¿Cuánto había dormido aquella vez? Estaba tan débil, maldición, tan débil... Le dolía el rostro, allí donde ella misma se había desgarrado la piel.

-Tranquila, mi reina-murmuro una voz a su lado, teñida de dulzura-. Soy yo, Myranda.

En la habitación, la única luz procedía del cabo de una vela, junto a su cama.

El pelo negrísimo de Myranda estaba recién lavado y cepillado hacia atrás, dejándole al descubierto las líneas suaves del rostro. Llevaba negro con amplias mangas, con las mangas de armiño. Sus ojos la veían con tristeza.

-¿Cuánto tiempo estuve fuera, Myranda?-pregunto Lyanna, con la garganta seca-. Agua, por favor. Necesito agua.

-Tres días, mi reina-contesto su sobrina, y le paso un vaso con agua-. El rey Aemon llego por la mañana y vino a verla, pero no quiso molestarla. También vino la reina Joanna con él.

«El Rey Aemon y la Reina Joanna-pensó Lyanna-. Así son las cosas ahora. Y es como tiene que ser, es lo que quería, ¿no? Pero el precio fue demasiado. Mi principito, ay, mi dulce muchacho». A continuación pregunto por sus otros príncipes.

-La Princesa Visenya se proclamó regente. Se ha pasado los últimos tres días exigiendo juramentos de lealtad y promesas de amistad-dijo Lady Myranda con un suspiro-. Hay más de un centenar de hombres en las celdas negras, entre ellos Lord Baelish y el Gran Maestre Pycelle

Lyanna puso las manos sobre el colchón de plumas y retrocedió un poco hasta reclinarse en las almohadas.

-¡Dioses benditos! ¿Por qué ha hecho eso?-Aquel «se proclamó regente» no le había hecho ninguna gracia. Temía por el reino con Visenya a cargo, incluso por tres días-. Espera, Baelish, Pycelle... Falta alguien-dijo con tono amargo-. ¿Qué hay de Varys?

-Lord Varys de desvaneció cuando supo que Su Alteza había firmado una orden de arresto en su contra. La Princesa razono que los Naranjas no podrían haber sabido nada del testamento del Rey Rhaegar, a menos que uno de los testigos los pusiera sobre aviso y les diera chance de escapar, lo que finalmente paso... con el resultado que ya sabemos.

«Sí, es cierto-pensó Lyanna-. No hay otra explicación; lo sabían, incluso antes de dar el anuncio oficial». Lo había preparado todo cuidadosamente, tenía pensado atacar cuando todos dormían para tomar a Aegon y Rhaenys como prisioneros, pero cuando acudió con sus guardias a los aposentos de los príncipes, descubrió que ellos ya estaban al otro lado de la ciudad, en Pozo Dragón. Y su hijito...

-¿Y qué hay de Daenerys?-«Ella tampoco estuvo de acuerdo con el testamento»-. Y Ser Arthur; también estaba allí.

-La Princesa Daenerys está bajo custodia, aunque en consideración a su edad y su cuna, no fue enviada a las celdas negras sino que esta confinada en sus aposentos-le explicó Myranda-. Y Ser Arthur Dayne fue considerado inocente, tras un breve juicio. Justo ahora guarda al Rey.

La voz de su sobrina llego a resultarle intolerable.

-¿Algo más?

-Ser Myles Mooton ha huido-dijo Myranda-. Nadie sabe dónde; lo más seguro es que al sur, a unirse a Aegon.

-La verdad, no me sorprende-dijo Lyanna. Mooton jamás había sido amigo suyo, y era demasiado próximo a Aegon. En la Fortaleza Roja, todos sabían que había sido Ser Myles quien más alentaba al principito en sus lecciones-. Ayúdame a levantarme-dijo al tiempo que se debatía con la ropa de cama-. Es hora de que visite al Rey, y hace tiempo que debería haberme dejado ver.

Se Acerca el InviernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora