Revelaciones.

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¡Buenos días!

Nuevo cap.

-X-

Harry XLII.

El Gran Maestre Pycelle era viejo desde que él lo conocía, pero parecía que en las dos últimas semanas le hubieran caído encima otros cien años. Le costó una eternidad doblar la rodilla ante él, al presentarse en la Torre de la Mano, y cuando lo logró, no pudo volver a levantarse hasta que lo ayudó Balaq la Sombra.

«Este hombre ya no tiene fuerzas, su mejor momento paso hace mucho-pensó Harry sin la más mísera muestra de compasión. Pycelle no le caía bien, y era mutuo-. Es solo una sombra y humo».

-Bienvenido, Pycelle.

-L-lord Stark, yo...

Harry alzo una mano.

-La Princesa Visenya ordeno que se te encerrase junto a los demás miembros del Consejo por ser sospechosos de dar a conocer el testamento del Rey Rhaegar a los Príncipes Aegon y Rhaenys, sin autorización de la Reina Lyanna-Lord Stark lo examino a detalle; en la estancia solo estaban él, el gran maestre y la Sombra-, lo que finalmente resulto en la muerte de mi amado sobrino.

-Soy s-solo un anciano, y un leal servidor...-Pycelle abría y cerraba la boca, incapaz de formular más oraciones.

A Pycelle lo habían despojado de su cadena y su barba. El gran maestre parecía un esqueleto; temblaba y sufría espasmos. En lugar de la otrora frondosa barba blanca, apenas unos cuantos pelos canosos le salían del largo cuello de pollo. En otros tiempos había tenido un aspecto digno, venerable, pero ahora solo inspiraba pena.

«Otra persona, aunque solo fuese en consideración a su edad, lo habría encerrado en sus aposentos». Pero Visenya lo había arrojado a las celdas negras sin un segundo pensamiento. «Y tengo que aplaudirle».

-Conteste, gran maestre. ¿Conspiro o no con los Naranjas para usurpar el Trono de Hierro?

-N-no-gimoteó Pycelle-. Eso es falso, lo juro, no fui yo. Varys, fue Varys, la Araña, ese eunuco es el puro mal...

«Claro que fue Varys, imbécil, pero no porque seas inocente de esto, eres inocente del todo». Un breve vistazo a los ojos de Pycelle le habían dado todas las respuestas que quería, y tuvo que contenerse para no ordenar a Balaq que le abriese la garganta allí mismo.

-¿Y en cambio tu eres una inocente palomilla? ¿Por qué no hablamos de Rhaegar, gran maestre? Era joven, y fuerte como un toro, pero una enfermedad lo consumió desde adentro, y no pudo hacer nada para salvarlo. Una enfermedad que, hay que decirlo, no pudiste nombrar aunque tuviste más de medio año. Ah, y no nos olvidemos de Jon Arryn. Ordene que registrasen tus aposentos y encontré varias cartas, incluida uno del maestre de Hayford, donde advierte de los peligros en los caminos entre Desembarco del Rey y Valle Oscuro. Dígame, maestre, ¿por qué no considero adecuado, sabiendo que Lord Jon recorrería ese mismo camino, advertirle? Sin duda, el viejo Arryn habría llevado más guardias consigo, lo que le habría salvado la vida.

La negligencia de Pycelle lo dejaba sin aliento. La carta no era falsa, pero jamás había sido abierta.

-Es que... Yo...-Bajo su tono, el anciano se estremeció-. Lord Jon fue traicionado por Mooton, sí, eso...

-Mooton es otro traidor-espeto Harry-. Ya le llegara su momento, pero ahora estamos hablando de ti, Pycelle.

-Siempre... he servido con lealtad, señor.

-En fin, que Arryn me vale muy poco, pero su muerte es culpa tuya. ¿Seguimos hablando de Rhaegar? Me dice Luwin que lo que tenía era algo llamado fascitis necrosante, aunque eso tendrías que haberlo sabido tú, no él. Tal vez fue descuidado en más de una de sus tareas, Pycelle. O sencillamente no querías ver y decidiste dejar morir al Rey.

Se Acerca el InviernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora