Maggy la Rana.

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¡Buenas! Estamos de regreso con otro cap, otra vez desde la perspectiva de Cersei.


-X-

Cersei II.

-¿Otro vestido?-Cersei echaba chispas por sus ojos-. ¿Cuántos más vestidos quiere ese hombre que tenga?

No debería enojarse pero estaba cansada. Llevaba todo el día de pie, mientras un par de ancianas le tomaban las medidas del pecho, la cadera, los brazos, las piernas, los hombros y el cuello para confeccionarle un nuevo guardarropa de estilo norteño, no sureño.

-Lord Stark quiere que tenga ropa suficiente, mi señora-le explico una de las viejas-. Su hermana, Lady Lyanna, nos honra con sus encargos hace muchos años. Para empezar, doscientos nuevos vestidos, y zapatos, medias, guantes y capas. Tenemos a doce costureras y treinta y tres aprendices, y todas están trabajando exclusivamente en este encargo. Seda de Myr, encaje de Lys, satén de Qarth, terciopelo de Volantis, lana del Norte... Solo lo mejor para la prometida del señor.

-¿Qué colores?-pregunto Cersei con un suspiro.

-Gris, azul y blanco, mi señora. Los colores de la Casa Stark y el Norte. Pero también carmesí, verde, dorado, crema y morado, negro...

-Negro no-espeto Cersei-. Me hace parecer un cadáver.

-Pero Lord Stark dijo...

-Ya hablare yo con Lord Stark. Negro no, dije.

«Que fastidioso este hombre». Ni siquiera conocía aun a su prometido, y ya sentía que lo odiaba. Lord Tywin se había reunido con él la noche anterior y aquella mañana, pero Cersei le sería presentada hasta la noche, en un banquete, como era lo apropiado.

-Como ordene, mi señora.

Vayon Poole, el mayordomo de su prometido, hizo pasar a los joyeros y orfebres, después de que las costureras se fuesen. Lord Stark le enviaba cientos de collares, tiaras, aretes, pulseras, cinturones y colgantes de regalo, de oro, plata y acero, con zafiros, ónices, amatistas, esmeraldas y diamantes, perlas, turquesas, lapislázuli y ágatas, pero también quería que le confeccionasen nuevas joyas, o al menos, tantas como ella quisiese. Cersei se permitió un momento de vanidad examinando unos rubíes tan grandes como huevos de gallina, y declaro que quería una redecilla para su cabello con aquellas piedras.

«Estos Stark se dan sus lujos». Solo las joyas ante ella valían más que la fortuna de la mayoría de familias nobles que ella conocía. «¿Frugales...? Sí, como no». Los Stark gastaban sin contemplaciones, o eso le parecía a ella, y como una Lannister de Roca Casterly, sabía muy bien de lo que hablaba.

-Dígale a Lord Stark que estoy muy agradecida por su consideración conmigo-dijo Cersei, educada, a Vayon Poole, cuando terminaron-. Es muy bondadoso.

-Sí, mi señora. Lord Stark es muy bondadoso.

«¿Por qué? ¿Espera comprarme con regalos?». Si así era, Cersei lo consideraba un idiota. Pero... No conocía a Lord Stark más que por su reputación, y pese a los muchos cuentos y habladurías que se contaban de él, jamás había escuchado que se dijese que era un tonto, sino todo lo contrario. «Un motivo tendrá oculto».

Si conocía, en cambio, a sus futuros cuñados: Eddard, obviamente, y Brandon y Benjen. «Bienvenida a la manada, lobita», bromeo Brandon Stark cuando la conoció, tan burlesco y salvaje como ella había oído, como si ya no fuese una leona. Cersei decidió que lo odiaba desde aquel mismo instante. Eddard era silencioso y gentil, y Benjen, tenía su misma edad y la trataba con gran dulzura: no le caían muy bien pero los prefería a ellos dos. Eran mejores que el Gnomo pero pobres reemplazos para Jaime en todos los sentidos.

Se Acerca el InviernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora