Harry L.
El cielo oscuro estaba cubierto de nubes sobre los bosques muertos y helados. Las raíces trababan los pies de Harry al correr, y las ramas desnudas le azotaban la cara y le trazaban surcos de sangre en las mejillas. Avanzaba a trompicones sin rumbo, con el aliento entrecortado, los carámbanos saltaban en pedazos a su paso. «Piedad», sollozó. Detrás de él resonó un sonido estremecedor que le heló la sangre en las venas. «Piedad, piedad.» Al mirar por encima de su hombro los vio acercarse, los Otros, a lomos de sus arañas de hielo, envueltos en una gélida ventisca. «Piedad, oh, piedad». Cada demonio tenía un espada translucida, y cada hoja de cada espada estaba manchada de sangre congelada. Se acercaban más y más con cada zancada.
Harry trató de correr más deprisa, pero las piernas no le obedecían. Todos los árboles tenían rostros que se reían de él, se reían, y escucho aquel sonido nuevamente. Le llegaba el olor de la carne muerta y podrida, un hedor a azufre. «Están muertos, están muertos-trato de gritar, buscando a tientas la Varita de Sauco, pero no la encontraba-, están muertos», pero cuando abrió la boca sólo consiguió emitir un gemido, y en ese momento algo lo rozó, y se dio media vuelta con un grito...
... buscando a manotazos la daga que tenía siempre junto a la cama, pero sólo consiguió tirarla al suelo. Jon Nieve se alejó de él de un salto. Robb Stark estaba detrás del mudo, con el rostro iluminado por la vela que llevaba en la mano.
-¿Qué?-gritó Harry. «Piedad»-. ¿Qué sucede, sobrinos? ¿Qué hacen aquí? ¿Ha pasado algo...?
-Espero que puedas disculparnos por molestar tu descanso, tío-dijo Jon Nieve, con cierta cautela-. Pero llego un mensajero del Norte, y el rey solicita tu presencia. Además, hay cierta situación abajo.
-Un mensajero-repitió Harry, mientras se pasaba los dedos por el pelo. «Ya era hora». Había comenzado a temer que las noticias jamás llegasen. «Piedad.» Echó un vistazo por la ventana y vio que las primeras luces del amanecer empezaban a acariciar las torres de la Roca-. Han mencionado una situación abajo.
Jon Nieve y Robb Stark intercambiaron sendas miradas.
-La princesa Visenya encontró a Lady Lysa sentada en el trono ancestral de los Lannister.
-Esa mujer-gruño Aryan-. Ya me imagino como estará Visenya. Será mejor que baje deprisa, antes de que ambas decidan tratar de matarse.
-¿No sería mejor, tío, ordenarles venir ante ti?-sugirió Robb-. Eres la Mano del Rey. Tendrían que obedecer un mandato tuyo.
-Eso es cierto, pero no sería lo más adecuado-dijo Harry-. Según las leyes de los dioses y los hombres, Visenya es señora de este castillo, y sé que no apreciaría que la mande a llamar como a una doncella-Suspiro, con gesto distraído-. Tráeme el jubón, por favor, Robb. El gris, el que tiene el emblema del lobo huargo. Y tú, Jon, dame la cadena de la Mano. Es un recordatorio mucho más sutil pero igual de efectivo.
La situación entre Visenya y Lysa Tully no le preocupaba tanto como aquel sueño. ¿Qué significaba? ¿Por qué últimamente soñaba más y más seguido con ellos? ¿Y desde cuando un sueño lo paralizaba del terror? A Harry muy pocas cosas le daban verdadero miedo, pero jamás se había asustado de un sueño.
-¿Y qué desea el rey?
-Según tengo entendido, tío, hubo una gran batalla en el Norte-dijo Robb mientras se dirigía hacia el guardarropa-. Joanna dirigió las fuerzas Stark contra la Flota de Hierro, y la destruyo, con la ayuda del Príncipe Jaehaerys y su dragón.
«Es solo la mitad de la noticia», noto Harry, que ya sabía todo aquello.
-¿Qué más?-insistió Harry.
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Se Acerca el Invierno
FanfictionHarry Potter dejo este mundo..., pero como el Amo de la Muerte, tiene deberes que cumplir. Y los Siete Reinos de Poniente lo necesitan ahora, al ver que el Enemigo llega desde las Tierras del Eterno Invierno. Deberá sobrevivir al Juego de Tronos y g...
