La caída de Desembarco del Rey.

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Les dejo por acá este otro cap, ya los siguientes vendrán en enero. Uno de Joanna, luego Elia. Veremos mucho de Elia proximamente.

-X-

Cersei VIII.

«Todo terminará pronto».

El Salón de Baile de la Reina no era ni la décima parte de grande que la sala principal del castillo, y sólo la mitad que la sala privada en la Torre de la Mano, pero cabían un centenar de personas sentadas, y compensaba con elegancia lo que le faltaba en espacio. Detrás de cada candelabro de las paredes había espejos de plata batida, de manera que las antorchas brillaban el doble de luminosas. Había música de flautas y violines. El grueso tejido de terciopelo de las cortinas no dejaba pasar ni un atisbo de luz, y amortiguaba los sonidos de la guerra.

«De una forma u otra, terminará pronto».

Junto a las largas mesas estaban sentadas casi todas las mujeres nobles de la ciudad, además de unos cuantos ancianos y niños pequeños. Las mujeres eran esposas, hijas, madres, hermanas... Sus hombres habían ido a combatir a los Naranjas. Muchos no regresarían. Aquella certidumbre pesaba en el ambiente.

«Pero Joffrey regresará, lo hará». Cersei estaba segura de eso, aunque aquello solo podían decidirlo los dioses. «Tendría que haberlo enviado a Invernalia en cuanto pude».

Como la dama de más alto rango en la corte, además de suegra y tía política del rey, le correspondía a Cersei presidir aquella cena, desde lo alto del estrado. Había hecho lo mejor que podía. Los músicos tocaban y los malabaristas hacían juegos malabares. El Chico Luna paseaba por la sala sobre unos zancos y se burlaba de todo el mundo. Los invitados se reían, pero eran risas sin alegría, de ese tipo de risas que se pueden transformar en sollozos en un instante. «Sus cuerpos están aquí, pero sus pensamientos están en las murallas de la ciudad junto con sus corazones, al igual que los míos».

Su única compañía era el silencioso Balaq la Sombra, aunque lo más correcto habría sido permitir algunos acompañantes en el estrado. «Solo quiero vino, y que este día termine». Porque estaba bebiendo mucho vino, y en abundancia. Solo así lograba acallar el miedo en su pecho. Con un gesto suyo le rellenaron la copa con un tinto del Norte, delicioso y fuerte.

En aquel momento su primo Devan Lannister entro al salón.

-¡Cersei!-rugió su primo, abriéndose paso descuidadamente entre sus invitados-. Traigo noticias. La batalla ya comenzó. El lord capitán Greyjoy combate en la bahía pero algunos soldados de Martell y Baratheon cruzaron la ribera. Ser Robar Royce acabo con todos ellos.

-¿Qué hay de Joffrey? ¿Ha salido?

-Todavía no hay necesidad de ello. Tu hijo está coordinando las defensas desde las murallas. Está vivo y bien.

-Más te vale que así permanezca, Devan. Por tu bien. Y el de mi repulsivo hermano.

-Tyrion también está bien.

-Me da igual-Cersei hizo un gesto, como para apartar aquel tema-. ¿Qué hay del dragón?

Cersei reparo en que, pese a la música, todos se esforzaban por oír al máximo. Lady Dustin sonreía nerviosamente mientras bebía de su copa, las Stokeworth estaban acurrucadas y temblorosas, y el anciano y viejo Rosby no dejaba de toser, aunque tenía sus ojos fijos en Cersei. Ella ordeno que sirvieran más vino.

-Su Alteza el Príncipe Viserys aún no ha aparecido. Su dragón sigue en la otra orilla.

-No me sorprende-respondió Cersei despectivamente-. En eso se le parece mucho a su hermano, Rhaegar. A veces me pregunto como de diferente serían las cosas si Rhaegar hubiese tenido el valor de tomar su dragón y usarlo como los Targaryen de antaño. Pero era un cobarde, y Viserys es igual.

Se Acerca el InviernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora