Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Dejó un beso en la frente de sus hijos, antes de fijar la vista hacia el frente y darse cuenta de que nuevamente era de noche. Estaban durmiendo desde temprano, por lo que esperaba que el frío no fuera tanto como para que la cobija que tomó antes no le sirviera.
Vio que todavía Artem estaba amarrado, pero le dieron sobras de no sé qué cosa, al igual que a Leo. Acarició la mejilla llena de pecas de su revoltosa inteligente y agradeció a los dioses que al menos ella pudiera pasar un momento tranquilo después de todo. En cambio, Demyan por momentos respiraba agitado; el olor de esa celda no era el más bonito de todos y ni hablar de la poca ventilación, por lo que debía colocarle el inhalador siempre que podía.
El hambre que tenía era tanta, que apenas podía tener los ojos abiertos; aparte de eso, el mal olor que desprendía era mucho. Sin embargo, cuando pensó que se iba a quedar sin vida... Un guardia volvió a ingresar en donde ella se encontraba con sus hijos y le dio un plato de comida y varios bocadillos.
—La señora se los envió —dejó el plato cerca de sus pies—. Come.
—Gracias. —Quitó con cuidado a sus hijos y fue en busca de la bandeja.
Vio que había mucha comida, por lo que ni siquiera se lo pensó dos veces antes de proseguir a comer. El hambre que sentía en esos momentos era mucha, al igual que la sed. Se sentó devorando el plato y vio que una figura se acercaba a ella y no dudó en alejarse.
—Nadja...
—No diga mi nombre —le dio la espalda—. Usted es un monstruo...
—No digas eso, pequeña...
—Cállese —se giró un poco—. Usted es igual a ese sujeto; los dos son el mismo demonio. Los detesto...
—Al menos tienes que agradecerme que te ayudé para que te quedaras con tus hijos. —Leo intentó tocarla, pero ella terminó por agitarse—. No vayas a gritar.
—Si se acerca más, voy a gritar —amenazó.
Leo levantó las manos en señal de rendimiento y fue hacia donde estaba antes. Ella recogió un poco su túnica y siguió comiendo. Ni siquiera le importaba nada más que sus hijos y la deliciosa comida que le habían llevado.
—¿Hermana Nadja? —la llamó Demyan, abriendo sus ojitos—. ¿Qué está haciendo?
—Comiendo un poco —se dio la vuelta—. ¿Quieres comer también?
—No, ya no más comida —el pequeño vio que había un jugo en el piso—. ¿Puedo tomar jugo?
—Sí, incluso trajeron refrigerios —le mostró los bocadillos—. Ven, hay mucho de donde tomar —dejó su comida a un lado y se aseguró de que su hijo tomara los bocadillos—. ¿Te sientes bien?
—Muy bien. —Demyan se sentó a su lado—. ¿Cuándo nos iremos de aquí? ¿Es nuestra nueva casa?
—No sé decirte —contestó con seguridad—. No nos dicen nada más que nos quedaremos aquí —se sinceró mientras destapaba una bolsa de bocadillos y se la pasaba—. Espero que no sea por mucho tiempo. El poco aire y la humedad de este sitio no te hacen bien; posiblemente tengas un ataque en cualquier momento.