Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Las uñas de Nadja se clavaron en el antebrazo del hombre que la tenía sostenida con una pierna en su hombro y la otra reposando en su antebrazo, manteniéndola abierta en una posición que le resultaba incómoda, aunque su espalda todavía se encontraba en el escritorio. Sus ojos se cerraron cuando una oleada de placer se instaló por todo su cuerpo, enviándole descargas que se consumían una y otra vez cuando los choques de ambos cuerpos eran tan intensos que se unían a sus gemidos. Ella no se estaba conteniendo; dejaba salir cada sonido de su boca que, de igual modo, él tomaba posesión para acallar sus jadeos.
Las sensaciones que su cuerpo únicamente estaba experimentando con Jadiel eran tantas que, sin duda alguna, ese hombre sabía cómo moverse sin lastimarla en el procedimiento. Jadiel dirigió una de sus manos por su abdomen, subiendo poco a poco hasta detenerse en medio de sus senos y luego tomar uno entre sus manos, amasándolo a su gusto.
Nadja apretó los dedos de los pies en un intento de detener otra vez el orgasmo que Jadiel desde hace unos minutos estaba buscando darle. El calor que se cernió sobre ella fue tan intenso que su espalda se arqueó a tal grado que Jadiel tuvo que bajarse un poco para capturar su pezón y jalarlo, provocando que el orgasmo que había tratado de detener lo más que podía, al fin saliera.
Su cuerpo fue un manojo de nervios y más debido a que el mafioso no dejaba de mordisquearle desde el pezón hasta el inicio de su seno sin dejar de embestirla. Sintió la mano que antes estaba en sus senos moverse hasta detenerse junto a su cabeza y, todavía con sus ojitos entrecerrados, notó las venas que sobresalían del mismo.
Aunque su cuerpo pedía un mínimo descanso, al menos una parte de este; la otra necesitaba más de lo que estaba recibiendo, por lo que terminó por jalar el cabello del mafioso, para dirigir su rostro hacia el suyo y de ese modo fundirse en un beso, haciendo que él baje la intensidad de las embestidas. Un suspiro escapa de sus labios en medio del beso. Jadiel se separa de ella para dejarle un poco de espacio y que pueda respirar. No obstante, imaginó que él se detendría, solo que fue todo lo contrario.
La tomaba sin miramientos, pero sin lastimarla.
—¿Estás bien? —el mafioso pregunta sobre sus labios—. Estás muy roja...
—Sí, estoy bien —ella pasa saliva en seco al verlo tan cerca—. Solo que eres un mentiroso...
—¿Mentiroso? —Él sonrió de lado—. Dijiste que sería uno rápido, lo prometí... Luego dijiste que mi hermana se quedaría con los niños y, por lo que has podido ver, nadie ha venido —se enderezó—. Vamos a tener toda la noche para nosotros...
—Dijiste primero que sería uno rápido y ya estaba...
—Nah, eso fue antes de que mi esposa decidiera decirme otras palabras. —Jadiel le jaló el labio con sus dedos—. Esas palabras salieron de aquí, así que me las voy a tomar muy en serio.
—Eso es ser una persona cruel...
—Eso es ser una persona con los pies bien puestos sobre la tierra —le guiñó el ojo—. Saca la lengua.