Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja observó a todas las personas que estaban a su alrededor y algo en su pecho se apretó al grado de que no pudo evitar pensar que esa gente había hecho cosas extremadamente horribles.
Jadiel mantenía su mano sobre la suya y no se apartaba en lo absoluto. La cena transcurrió sin más contratiempos y, a decir verdad, le parecía un poco extraño la calma que tenía Jadiel ante las cosas que estaban pasando a su alrededor. El mafioso estaba tomando de lo más calmado un vaso de una botella de alcohol que a duras penas recordaba su nombre. Sin embargo, ella no podía pensar en otra cosa que no fueran sus hijos.
—No lo pienses mucho. —Jadiel volvió a dejar otro beso en su hombro—. Son cosas que pasan...
—Sí, lo lamento —ella sonrió a duras penas—. Es que es muy nuevo para mí todo esto y más que estas personas me miran como si fuera un pedazo de carne que devorar.
—Tienes que verlo por el lado bueno —el mafioso pasó su pulgar por el labio inferior de la chica—. Solo se vive una vez y es mejor sacar la basura ahora que podemos.
Nadja asintió y desvió la mirada hacia su plato a medio acabar. Podía sentir la mirada de ese tal Iván de vez en cuando sobre su cuerpo, como si la estuviera escaneando y, si no estaba mal, ese hombre tenía mucho peso en el concejo como para destruirla si quería. Por su parte, Jadiel se veía muy calmado, demasiado para su propio bien, y ni hablar de que tenía cosas en mente para acabar haciendo una masacre, como le dijo antes.
—Ya no tengo hambre. —Nadja alejó el plato.
—No te preocupes. —Jadiel levantó la mano para que un mesero fuera a retirar los platos—. ¿Quieres tu piña colada ahora o el helado?
—La piña colada estaría bien y luego el helado.
Jadiel hizo un sonido afirmativo, como si estuviera de acuerdo con su respuesta, aunque lo más seguro es que él sabía que pediría en ese orden.
—Me gustaría pensar que la mujer que tienes a tu lado participará de lleno con nosotros en la caza final —propuso uno de los del concejo y Jadiel arqueó una ceja observando al hombre que casi no había dicho una palabra en toda la noche—. Digo, por lo que ando viendo, los noto muy unidos y sería una lástima que los susurros en el oído que tienen ambos sean...
—Nosotros no tenemos por qué estar dependiendo de otros para lograr nuestros objetivos —él levantó su vaso—. Si ya terminaron de cenar, pasemos al postre.
Nadja vio que un grupo de meseros entraba arrastrando varios carritos y en ellos se veían los postres y, sobre todo, bebidas de diferentes colores. A decir verdad, estaba plenamente segura de que Jadiel había colocado algo en esas bebidas, porque él nunca dejaba pasar una oportunidad así como así.
La pared que estaba frente a ellos se abrió, dejando ver algunas pantallas y la otra pared al lado, de igual modo. Las luces se apagaron de repente y de un momento a otro vio cómo en una pequeña fila salían personas enmascaradas de celdas. Sin embargo, frunció el ceño al ver que era más de lo que había estado imaginándose en su momento.