Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja lavó los trastes que Natacha había utilizado para el desayuno, luego los colocó en sus respectivos lugares, con la tela que los cubriría para la próxima comida, la cual ya tenía anotada y que las chicas iban a preparar en unos minutos. Sus días de trabajo eran muy buenos en comparación con lo que realizaba en el pueblo, pero sobre todo, ahora podía darse el lujo de descansar bastante a pesar de hacer dos cosas y muchas veces sentirse agotada.
—¿Quieres ayuda? —Anika dejó caer un par de ollas en el fregadero—. Haces más trabajo que muchas de las chicas de la casa.
—Estoy bien —ella se quitó el delantal—. Iré a limpiar la habitación de la señora.
—¿Cómo es que sacas tanto tiempo para todo? —su amiga ladeó un poco la cabeza—. Digo, no lo tomes a mal —aclaró—, pero te levantas primero que todas, atiendes el desayuno de la señora, limpias su habitación, cuidas a tus hijos todo el tiempo y tienes el trabajo de cuidar el invernadero y el jardín —completó de enumerar—. ¿De dónde sacas tanta fuerza para todo?
—Ni yo misma sé dónde ha estado esa fuerza realmente —rio un poco—. Te dejo.
Anika asintió y en ese momento entraron las chicas.
Se sintió un poco mal, ya que Jadiel no hizo nada cuando le contó acerca de lo que sus hijos le comentaron el día anterior y supuso que no valía la pena que él lo tratara en lo absoluto.
Con los utensilios en las manos subió las escaleras hacia el segundo piso y se detuvo un momento al ver las otras que daban al tercero, el área que ella tenía prohibido subir por órdenes de Natacha y de Jadiel.
Sacudió la cabeza y fue hacia su destino.
Demyan y Leyna estaban en su habitación leyendo; luego, cuando acabaran de leer el capítulo, verían un poco de televisión.
Casi una hora y media después, pudo acabar con sus labores en la habitación de Natacha, colocando cada cosa en su lugar para evitar que algo pasara a mayores o algo así.
Se aseguró de que todo estuviera bien con sus cosas de limpieza y fue a la cocina para verificar sobre la comida.
—Nadja —Anika la llamó, asustada—. Tienes que venir al jardín.
—¿Al jardín? —Nadja se limpió las manos del delantal—. ¿Qué ocurre?
—Son tus hijos...
Nadja sintió un apretón en el pecho, por lo que terminó por recogerse el vestido y fue hacia el jardín trasero de la casa para saber qué ocurría.
La nieve poco a poco quedaba en el olvido; aun así, se podía sentir el aire frío. Sin embargo, no estaba preparada para lo que estaba por ver en ese jardín.
Un enorme tigre estaba a unos metros de Jadiel, Demyan y Leyna... pero Natacha estaba de lo más calmada al otro extremo, como si nada estuviera pasando.