Capítulo 41

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Hizo una mueca al ver que a Demyan no le quedaban tantos medicamentos como pensaba y era más su culpa que otra cosa por no revisar a tiempo

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Hizo una mueca al ver que a Demyan no le quedaban tantos medicamentos como pensaba y era más su culpa que otra cosa por no revisar a tiempo. Como estaba teniendo muchos ataques, debía dejarle preparado todo para que su hijo no tuviera complicaciones, pero le estaba resultando difícil.

Le ayudó a sentarse en la cama, notando que tenía fiebre nuevamente.

—Más tarde te haré un poco de sopa —le prometió—. Trata de tomarte este medicamento...

—Es mi culpa, mamá. —Demyan se dejó caer en su pecho cerrando los ojos—. No debí salir.

—Ya te dije que olvidaras eso. —Nadja suspiró—. Es algo ya del pasado, algo sin importancia realmente.

—Es que...

—Demyan —Nadja le habló con seriedad—. Te amo, eres mi hijo y no me enojaré contigo si me dices la verdad de las cosas —besó su coronilla y miró a Leyna—. Aunque últimamente se han vuelto impertinentes, quiero que sepan que les creo en todo, porque sé que no me mienten y siempre me hablan con la verdad.

—Está bien, mamá.

Nadja volvió a dejar un beso en el cabello de su hijo, notándolo un poco más sudado que antes. Leyna estaba a su lado, como si se preparara para lo peor que podía existir en el mundo, y ella sentía que nuevamente estaban pasando las cosas que antes sucedían en el pueblo. Tener que robar comida en las noches para que sus hijos coman.

Fue al baño para ver si podía tomar un poco de agua caliente de la ducha; sin embargo, el agua que salió era tan helada y sucia que tuvo que retroceder. Apretó los labios, tratando de no ponerse a llorar en ese momento, porque a lo mejor Jadiel se estaba vengando de ella por lo que dijo en la cena, aparte de lo que sucedió anteriormente. Volvió a cerrar la llave y vio que ni agua tenían en el lavamanos.

—¿Mami? —la llamó Leyna—. ¿Qué pasó con el agua?

—Al parecer hay una avería —respondió forzando una sonrisa—. Seguro mañana lo arreglan...

—¿Ya no tenemos agua? —su hija pestañeó varias veces—. Seguro es nuestra culpa...

—No es culpa de nadie si no hemos salido de la casa —le aclaró—. No te preocupes, vamos a recuperarnos...

Su hija la miró sin creerle, pero no hizo más preguntas al respecto. Vio la hora en el reloj y ya era más de medianoche. Podía ir y venir para hacerle una sopa o algo que le bajara la temperatura a su hijo.

—Escuchen —sacó a su hija del baño—. Iré a la cocina para hacerle algo caliente a Demyan. —Nadja pasó un trago duro—. No me tomará mucho tiempo.

—Te vas a meter en problemas, mamá...

—No importa —ella negó con la cabeza—. En cuanto lo tenga todo listo, vendré... Para estas horas, deben estar todos dormidos.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora