Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Leyna despertó primero que su madre y Demyan; la pequeña abrió los ojos lentamente y notó que ya era de día y su madre estaba durmiendo de lo más cómoda. Era extraño verla así, ya que ella siempre se levantaba antes de que el sol saliera y ni hablar de que su hermano también dormía hasta tarde como ella.
Se sentó en la cama y le puso una mano en la frente; dándose cuenta de que todo estaba bien, le puso los dedos en la nariz y respiraba de igual manera. Se mordió el labio y la movió un poco, logrando que ella se despertara de golpe, completamente asustada.
—¿Qué sucede, amor? —Nadja pestañeó varias veces—. ¿Te duele algo?
—¿Tú estás bien? —Leyna la miró preocupada—. Es que ya salió el sol...
—Ah. —Nadja se relajó—. El señor nos permitió dormir hasta tarde —le acarició la mejilla—. Hoy no voy a trabajar.
—¿Qué?
—Sí, ven a dormir conmigo —palmeó su lado en la cama—. Imagina que es domingo también.
Leyna asintió y le dio un beso en la mejilla antes de acostarse a su lado para dormir. Sin embargo, no pudo hacerlo. Finalmente, se bajó de la cama, fue al baño, hizo sus necesidades, se lavó los dientes y salió de la habitación lentamente.
—¿No duermes? —escuchó a Jadiel detrás de ella y casi se cae—. Vete a dormir...
—¿A dónde vas? —Leyna lo miró de arriba hacia abajo—. ¿Nos va a abandonar aquí?
—Iré a comprar algunas cosas. —La ayudó a bajar—. Regresa a la habitación con tu madre; vendré en un rato.
—¿Puedo ir contigo? —ella lo jaló del pantalón—. No te voy a molestar.
—No, ponte a ver televisión —murmuró el mafioso—. No despiertes a tu madre.
Leyna se ofendió ante su negativa y respiró hondo varias veces antes de abrir la boca, pero Jadiel fue mucho más rápido en taparle la boca para que no gritara.
—¿Me llevarás?
Jadiel no tuvo de otra más que suspirar cansado y, como la niña no tenía otra ropa más que el pijama, la llevó en sus brazos hacia el estacionamiento, agradeciendo que tuviera unas sandalias para que no pasara nada en el exterior por andar descalza. Leyna miró la hora en el celular de Jadiel y vio que era aún más temprano de lo que pensó; supuso que se debía a que estaban en uno de los edificios más altos de todo el país y que por eso el sol se sentía tan latente.
Subió al auto que los esperaba en la entrada del edificio y él le dio la dirección de una farmacia. Leyna se colocó el cinturón de seguridad con la ayuda del mafioso.
—Tu madre de seguro va a estar realmente preocupada porque no estás con ella en la cama. —Jadiel apretó el puente de su nariz—. Ya ni sé qué es lo que hago con mi vida últimamente.