Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Sin soltar el brazo del hombre, ella saludó a algunas personas que estaban ahí con elegancia, tal cual le enseñó la profesora anteriormente, aunque trató de que fuera algo breve porque eran mayormente hombres los que estaban en esa fiesta. Aun así, la mirada del mafioso no se le despegó de encima en ningún momento; todo lo contrario, parecía tener diversos pensamientos en su cabeza y uno de ellos era darle un tremendo castigo.
Cuando Natacha le dijo que iba a salir de la casa, no se lo creyó del todo, porque Jadiel dio la orden de que no saliera jamás de esa propiedad, a menos que fuera con él. Sin embargo, ahí estaba ella dejándose ver con sus diferentes colores y siendo el centro de atención.
Sus hijos se quedaron con Anika a pasar la noche, algo que agradeció, puesto que era la primera vez desde su nacimiento que se alejaba de ellos de ese modo.
—No tenía conocimiento de que estaba comprometido —dijo uno de sus socios—. Es una mujer hermosa y muy exótica —la examinó de arriba hacia abajo—. Me dejó sin palabras.
—A mí también me dejó sin palabras. —Jadiel dejó la copa sobre una mesita y miró a Nadja—. Demasiado hermosa...
—Gracias. —Nadja le sonrió y volvió a rodear con sus brazos el de Jadiel—. Natacha me comentó que se haría una fiesta por tu cumpleaños y quise venir a darte la sorpresa personalmente...
—Sí. —Natacha se aclaró la garganta al saber que estaba a nada de quedar expuesta—. Nadja es una mujer que...
—¿Nadja? —preguntó otro como si recordara algo—. Creo que había escuchado de ella, pero no imaginé que fuera alguien tan...
—Hermosa, única y solo para mí —Jadiel cortó sus palabras—. Los rumores son ciertos, pero me gusta verla yo todo el tiempo.
—Comprendo —asintió él—. Solo que tengo que volver a decir que es una mujer hermosa.
—Pero sigue estando fuera de sus ligas —el mafioso pasó sus nudillos por la mejilla caliente de la mujer que estaba literalmente temblando—. Si me disculpan, me tomaré unos minutos con mi mujer.
Todos hicieron un sonido afirmativo antes de darles su espacio. Nadja miró a Natacha una última vez, antes de comenzar a subir las escaleras con Jadiel detrás de ella, y supo que le miraba el trasero por lo provocativo que era ese vestido. Era una casa bastante espaciosa; sin embargo, Natacha le comentó que era una de las tantas fachadas que su nieto usaba para despistar a las personas y él pasaba la mayor parte del tiempo en la fortaleza o en el penthouse.
Él buscó la habitación más alejada y supuso que se trataba de la principal por lo enorme que era y la dejó pasar primero, cerrando la puerta con un fuerte golpe en el proceso.
—¿Estás muy enojado conmigo, esposo? —puso su mejor carita de inocente, tal cual le dijo Natacha—. No hice nada.
—¿Tú qué crees? —Jadiel se aflojó la corbata—. Y todavía tienes el descaro para decirme que no hiciste nada.