Capítulo 51

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Se movió un poco en la cama sintiéndose sofocada, y no precisamente porque sus hijos estaban ahí durmiendo con ella

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Se movió un poco en la cama sintiéndose sofocada, y no precisamente porque sus hijos estaban ahí durmiendo con ella. Estaba acostumbrada a hacerlo, pero desde que tuvo el incidente en el lago con Jadiel, a duras penas podía conciliar el sueño lo suficiente como para no alarmar a nadie. Abrazó la almohada y escondió su rostro en la misma, tratando de conciliar el sueño.

En esos días que estuvo durmiendo con sus hijos en la cama del mafioso, todo se sentía demasiado irreal, sin contar que al inicio le gustaba descansar oliendo la almohada de Jadiel; sin embargo, ese olor se fue cuando Anika lavó todo y ahora solo olía a detergentes. Supuso que fue por órdenes del mafioso porque eso podría ser dañino para Demyan.

La respiración calmada de sus hijos era un buen indicador para que ella pudiera dormir, pero le resultaba difícil hacerlo y más a esa hora. Suspiró un tanto cansada sin saber qué más hacer, hasta que una de las manos del mafioso se instaló en su cabello y le hizo sacar el rostro de la almohada.

—¿No puedes dormir? —Jadiel frunció el ceño—. ¿Tomaste tus pastillas?

—No y no —respondió tratando de enfocar mejor su vista en el hombre que se encontraba frente a ella—. Siento haberte molestado...

—No, está bien. —Él descendió con cuidado su mano por el cuello—. ¿Sigues teniendo pesadillas? —Ella asintió sin dejar de verlo—. Tatiana vendrá más adelante, cuando mi hermana se vaya —se puso de cuclillas en la cama—. Pensé que no querrías que ella supiera acerca de eso...

—Sí, no quiero que nadie sepa, pero si Demyan o Leyna quieren verla, supongo que hay que traerla...

—Tu hija está muy bien. —Jadiel señaló a la niña que dormía como si su vida fuera eso—. Nunca la he visto perder el sueño.

—Cuando duerme en un lugar donde se siente segura, es así —sonrió con desgana—. Puedes irte a dormir... yo voy a tomarme las pastillas.

—Ven aquí.

Jadiel la tomó con cuidado en sus brazos para no despertar a los dos seres humanos que se movían en la cama como si desearan que ellos dos hicieran silencio rápidamente. Salieron al balcón, donde la fría noche los recibió en el exterior. Dejó a Nadja en una de las sillas cama para tomar sol, tomó la manta con la cual estaba durmiendo en el sofá y cerró la puerta con cuidado.

—No era necesario que saliéramos de la habitación...

—Está bien, no importa. —Jadiel le colocó la manta sobre sus hombros—. ¿Ya te sientes mejor?

—Estoy bien por el momento. —Nadja asintió—. ¿Puedo hacerte algunas preguntas?

—Depende de qué me preguntes, te voy a responder. —Jadiel estuvo de acuerdo—. Comienza.

—¿Por qué ahora eres bueno conmigo? —ajustó mejor la manta sobre sus hombros—. Antes eras muy cruel conmigo...

—¿En qué te basas para decir que eras cruel contigo anteriormente? —enarcó una ceja—. No recuerdo haberte hecho algo para que creas que era de ese modo.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora