Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja se levantó de golpe cuando vio a su hija correr hacia ella, viéndose asustada y llorosa. Buscó con la mirada a su hijo, el cual no veía por ningún lado, y lo primero que hizo fue ponerse en alerta.
—Mami —Leyna la abrazó por las piernas—. Creo que algo está pasando con Demyan.
Nadja dejó todo tirado y, con algo de esfuerzo, fue con su hija en brazos hacia la casa. Aunque su hija tenía cinco años, ella seguía siendo pequeña y, según le explicaron, se debía a la falta de nutrientes y medicamentos que ellos requerían.
Buscó a Demyan en su habitación, pero no estaba ahí. Dejó a Leyna en la cama, diciéndole que no podía moverse de ahí por nada del mundo, ni siquiera si alguien iba a buscarla.
—¿Han visto a Demyan? —les preguntó a las chicas de la cocina, pero ninguna le respondió.
—¿No sabes dónde está Demyan? —indagó Anika, entrando a la cocina—. ¿Qué está pasando?
—No lo sé —ella se llevó una mano al pecho—. Solo fueron unos minutos; pensé que estaría con Leyna, no...
Salió nuevamente al jardín, casi tropezando con la nieve, y ni siquiera vio a su hijo, salvo una escalera que ella usaba para subir algunas macetas, pero la ventana estaba cerrada... Regresó a la casa y fue hacia el pasillo que daba a la oficina de Jadiel y se detuvo en seco cuando este salió de ahí con Demyan en sus brazos.
—¿Qué sucedió? —recogió un poco su vestido siguiéndolo a la habitación—. Señor...
—Estaba conmigo hablando sobre algunas cosas en los libros —Jadiel continuó caminando—. ¿Tiene su inhalador?
—Sí, tiene varios —ella caminaba rápidamente, puesto que Jadiel no se detenía—. Puede dármelo y lamento lo que pasó...
—Silencio.
Nadja arrugó la frente, sintiéndose como un cero a la izquierda con su hijo. Fue corriendo hacia la puerta y la dejó abierta para que él entrara con Demyan, el cual estaba durmiendo, pero su respiración era un poco irregular.
Jadiel lo dejó en la cama que estaba junto a la de Leyna, mientras que Nadja buscaba uno de los inhaladores. Demyan abrió los ojos por unos segundos cuando le puso el inhalador y luego los cerró al ver que era su madre. Nadja le dio pequeños masajes en su pecho, palmadas y acarició su rostro.
El mafioso no se había movido de su sitio; más bien, se quedó en silencio, observando cómo ella se mantenía tratando de mantener la calma al ver a su hijo en ese estado. Leyna subió la mirada hacia Jadiel y este se la devolvió frunciendo el ceño de la misma manera.
—Gracias por traerlo —Nadja susurró, y fue a buscar los medicamentos—. Lamento los inconvenientes.
—No hay problema. —Jadiel se acercó un poco más a la cama—. ¿Es normal que él esté de ese modo?