Capítulo 57

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«Un beso fue a parar en su mejilla, seguido de pequeñas caricias que al final se convirtieron en cosquillas que le hicieron darse cuenta de que alguien quería despertarla

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«Un beso fue a parar en su mejilla, seguido de pequeñas caricias que al final se convirtieron en cosquillas que le hicieron darse cuenta de que alguien quería despertarla.

—La bebé de mami no quiere levantarse. —Una voz femenina le dio otro beso, seguido de más cosquillas—. Vamos, mi princesa bicolor. Deja que mami vea esos ojitos.

La niña fingió estar dormida, pero sus ojos cerrados con fuerza la delataban, así que la mujer que la sostenía en la cama rio entre dientes.

—Entonces, tendré que irme con tu papá —susurró—. Sí, te dejaremos con la abuela...

—Ya estoy despierta, mami —la pequeña dejó ver sus dos perlas azul y verde—. Buenos días.

—Buenos días, mi amor. —Ella le dio otro beso en la mejilla—. Vamos, papá nos está esperando abajo con la abuela para irnos.

—Ayúdame...

—¿Desde cuándo eres así de perezosa? —rio entre dientes al ver a su hija.

La pequeña de apenas tres años recién cumplidos se encogió de hombros y se estiró en la cama para ayudarse a sí misma a dejar la cuaja que tenía. Algo que siempre había estado haciendo. Aunque le gustaba ir a la escuela, siempre se ponía en plan perezosa cuando estaba en la casa.

Una vez que su hija ya estaba lista con todo y la maleta en la entrada de la casa, bajaron al primer piso con más felicidad que nunca. Un hombre de cabello rojo tan intenso que parecía ser artificial estaba terminando de colocar la mesa del comedor y negó con la cabeza al verlas vestidas casi idénticas.

—No sé si a veces miro a una sola mujer o a dos cuando las tengo juntas. —El hombre negó con la cabeza—. Pero sé que solo una es la más hermosa de todas.

—Lo sé, papi —la pequeña rio—. Siempre seré la más hermosa de todas.

—¿Verdad que sí, mi pequeña Nadja? —El hombre la levantó en sus brazos con cuidado—. ¿Eres la princesa de papá?

—Soy tu única princesa, papi.

—Me voy a poner celosa —la mujer hizo un puchero—. Es una ofensa...

Nadja abrazó a su papá con mucha fuerza cuando su mamá quiso unirse a ellos, por lo que ambos adultos rieron y se dispusieron a desayunar, sin saber que sería la última vez que lo harían».

—Deja de dar tantas vueltas —murmuró alguien a su lado—. Ya Demyan no tiene fiebre, solo está agotado físicamente...

—¿Y ella?

—Nadja por igual —la voz de Zeus se coló a su alrededor y sintió que algo se le metía por las venas—. No sé qué pretendes, pero será mejor que hables con ella en algún momento.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora