Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja estaba segura de que se iba a morir en ese momento y que Jadiel tiraría su cadáver a ese lago. Sus palabras taladraron con tanta fuerza dentro de su pecho que imaginó escenarios en los cuales posiblemente sufriría de un infarto. La lluvia continuaba cayendo sobre sus cuerpos, dejando en claro que ellos tenían eso a su favor.
—Me mientes —su voz tembló—. Recuerdo tus palabras, sé todo lo que me hiciste y lo que me harás cuando te aburras de mi presencia...
—No, escúchame. —Jadiel no la soltaba—. Eso fue antes...
—Sigue siendo igual porque las palabras de los demás continúan siendo de mucho peso; en cambio, las mías nunca las tomas en cuenta. —Su labio inferior comenzó a temblar—. Solo quiero morirme...
—El pensamiento es algo demasiado alto que ya no tiene sentido en este momento. —Jadiel le echó el cabello hacia atrás—. Si dije algo para que te sientas fuera de lugar, lo lamento —acarició su mejilla con el pulgar—. Confesaré en este momento, y no lo diré otra vez porque sentiré mucha vergüenza; es la tercera vez que casi me muero de un susto.
—¿No soy la primera? —quiso aligerar el ambiente.
—No, esa fue Leyna —él bajó sus caricias hacia su cuello—. Fue esa vez que estuvo en el bosque con Demyan y se robó al bebé. Luego Demyan, cuando se metió en el otro lado del bosque y terminó con esa manada de lobos... y ahora tú.
—Leyna siempre tiene que ser la primera... hasta en su nacimiento fue de ese modo.
—Una cosita muy traviesa...
—Es por eso que ellos estarán bien sin mí, lo sé —quiso alejarse de él—. Puedes regresar a casa, por favor... Nadie sabrá que terminé ahí y...
—Demyan sufrirá, Leyna se volverá insoportable y...
—Ellos tienen razón —volvió a dejar salir pequeños sollozos que a duras penas se escuchaban gracias a la lluvia—. No sirvo como madre y por eso se los iban a llevar —él se quedó en silencio—. No pude traer a Demyan a este mundo sin que sufra... Mi hijo necesita tantos medicamentos que me cuestiono si podrá aguantar...
—Demyan podrá —el mafioso la consoló—. Es un niño fuerte.
—Él nació con esa enfermedad por mi culpa, Leo me lo dijo muchas veces —golpeó el pecho del mafioso para que la soltara—. Leyna no tiene amigos porque tuvo que quedarse con Demyan todo el tiempo y, aparte de eso, los dos nacieron con el cabello rojo...
—Y tú tienes el cabello rojo y blanco. —Jadiel agarró sus manos—. Lo que Leo te haya dicho fue para jugar con tu mente. Tus hijos te necesitan y yo también.
—Es mentira, tú no me necesitas para nada y mis hijos los podrás cuidar bien —comenzó a respirar de forma irregular—. Soy una horrible persona... Todos en el pueblo lo decían...