Capítulo 27

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En cuanto los labios del hombre se posaron sobre los suyos, todo en ella comenzó a temblar de formas inexplicables

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En cuanto los labios del hombre se posaron sobre los suyos, todo en ella comenzó a temblar de formas inexplicables. Estaba nerviosa, pero sobre todo expectante de lo que iba a pasar ahí. No estaba del todo segura de si daría un enorme paso con él...

Un pequeño gemido escapó de sus labios en el momento en que sus piernas fueron separadas lo suficiente y su cuerpo casi se estrelló con el otro que la abrazó de inmediato por la cintura. El beso se rompió con un pequeño sonido húmedo y él se alejó, no sin antes darle un pequeño beso en la frente antes de salir.

No pasaron siquiera tres minutos para que él volviera a entrar a la biblioteca. Se acercó con pasos de un depredador y volvió a atacar sus labios con benevolencia, una que la volvía loca con cada movimiento. La biblioteca estaba sumida en un silencio; el sonido de las ramas de los árboles, del hermoso bosque que se mostraba detrás de ellos, era el hermoso contraste que hacía todo más evidente.

Al estar sentada en el borde de la mesa, sus piernas colgaban de la misma, aunque las fue abriendo poco a poco para que él se fuera metiendo entre ellas.

—¿Quieres que continúe? —llevó ambas manos al cuello de la chica—. Podemos detenernos...

—Quiero continuar...

Jadiel le dio un beso en la mejilla antes de tomar los bordes del vestido. Ella respiró hondo antes de echarse sobre la mesa, como si fuera una postal, su largo cabello extendiéndose por una gran parte de la mesa. Dejó que él tomara asiento en una de las sillas, luego que la tomara de las piernas y las abriera con suspicacia.

En ningún momento imaginó que estaría en la biblioteca con las piernas abiertas, con el hombre que se suponía que debía darle miedo, pero que en ese momento le daba otra cosa. Jadiel se levantó de la silla y la tiró al suelo antes de acercarse a sus labios. Su braga desapareció y esperaba tenerla de regreso y no como las otras que desaparecían por arte de magia.

Sus brazos rodearon el cuello del hombre que la besaba y que subía poco a poco su vestido hasta detenerse en la altura de su ombligo. Una de las cosas que más le mantenían la mente en otros lados era el hecho de que él siempre respetaba sus límites...

—Espere un momento —ella lo detuvo—. ¿Puso cámaras aquí?

—¿Qué? —Jadiel detuvo sus movimientos—. ¿Que si puse cámaras?

—Usted pone esas cosas donde sea y...

—Pero sí borré los videos de la cocina. —Jadiel le pellizcó el labio inferior—. Y no, no he tenido tiempo de poner las cámaras en este sitio.

—Bien.

Jadiel negó con la cabeza y fue hacia su clavícula, dejándole pequeñas marcas ahí y bajando sus besos por encima del vestido y elevando un poco más sus piernas para tenerla a la altura de su boca. En la posición en la que Nadja se encontraba, a lo mejor sería incómoda si no se usaba de inmediato, pero como él estaba decidido a volver a usar su boca, pues le daba lo mismo.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora