Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Tomó una toalla que estaba junto con otras cosas y secó el sudor que le bajaba por el cuello. Estaba acomodando cada cosa en el invernadero, mientras recogía algunas cosas que estaban en perfecto estado para usarlas. El día en que ella tomaría el control del jardín había llegado y estaba emocionada en cierto punto, ya que era mucho trabajo para una sola persona.
Sus hijos estaban sentados en el césped y, desde su lugar y con la ventana abierta, podía verlos leer uno de los tantos libros que había escogido para estudiar.
—Hola. —Natacha entró con un abanico pequeño en la mano—. Este lugar se verá increíble en tus manos.
—Sí. —Nadja quitó algunas cosas que estaban en uno de los asientos—. Gracias por el trabajo.
—No es nada. —La anciana tomó asiento y cruzó las piernas—. Tus hijos leen rápido y son muy tranquilos en su hora de estudiar.
—Siempre ha sido así. —Se limpió las manos con cuidado—. Les gustaba jugar, pero les tocaba estudiar; eran muy aplicados. —Sonrió recordando sus días en el pueblo con ellos—. Era uno de los pocos momentos en que podía tenerlos conmigo.
—Lo lamento tanto, todo lo que te pasó en ese lugar. —Natacha negó con la cabeza—. ¿Nunca pensaste en dejarlos?
—No, no podía dejarlos —sonrió triste—. ¿Puedo sentarme?
—Claro, siéntate conmigo. —La otra palmeó el espacio a su lado—. No pidas permiso en tu propiedad. —Movió un poco el abanico cerca de su rostro—. Ya tienes un par de semanas aquí... Tus hijos son un amor, pero siento que no tienen una identidad en sí que los represente.
—No entiendo qué quiere decir con eso...
—Un apellido, no hay registros de ti o de los niños en ningún lado. —Natacha ladeó un poco la cabeza—. Solo tienen un nombre; aun así, es indispensable que deban tener un apellido por si van a ingresar a la escuela de aquí en Moscú.
—Nunca pensé que fuera necesario eso...
—Un apellido es necesario para todo. —Le recordó nuevamente—. Con lo inteligentes que son los gemelos, fácilmente los colocan en un curso mucho más alto que a los otros niños. Son idénticos a Jadiel y a su hermana. Pudieron terminar la escuela antes que el resto, pero hicieron amigos en el proceso y decidieron quedarse.
—¿Inteligentes como mis hijos?
—Lo son, tanto que es posible que muchas personas se sientan intimidadas por ellos —le explicó con calma para no asustarla—. Hm, Jadiel es muy cauteloso con todo. Es silencioso, pero no te confíes, ya que estudia todo antes de atacarte.
—Me di cuenta de eso. —Entrelazó sus dedos de forma nerviosa—. Cuando me mira es como si no me quisiera en el mismo lugar que él.
—El problema con él es que no te tiene confianza a pesar de que te vigila en todo momento. —Natacha le señaló las cámaras—. Lo cual es algo comprensible, por el hecho de que ahora vives en la misma casa...