Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Sus ojos no se despegaron de Jadiel; siguieron los movimientos de sus dedos atrevidos y, cuando él bajó hasta su monte de Venus, el temblor no se hizo esperar. Todo en la habitación olía a él; no había una sola cosa en ese lugar que no le diera la indicación de que él mandaba, que tenía el control sobre ella y que no iba a dejarla salir tan fácilmente de todo.
Ambas piernas fueron abiertas de manera cautelosa, y el rostro del hombre se metió entre ellas. Sintió vergüenza porque estaba dejando salir sus fluidos desde antes de que él le quitara su braga. Sin embargo, eso a Jadiel no le importó en lo más mínimo, porque lamió la gota que comenzó a bajar por su pierna y luego le dio un beso en sus labios vaginales. Los dedos de los pies se cerraron en el instante en que la primera lamida en su centro llegó, seguida de un soplo.
El cabello castaño de Jadiel se movía con cada movimiento que él hacía y, cuando subió la mirada hacia ella, se sintió desfallecer, porque había un deje de burla. Sus codos estaban apoyados en la cama, sus piernas abiertas y él la miraba mientras su lengua se deslizaba de un lado a otro sin contemplación.
¿No se suponía que el cumpleañero era el que debía recibir todo ese placer?
Ni ella misma atendía a ese hombre...
—Oh... —Siseó en el instante en que él la mordió.
Se dejó caer de regreso en la cama y abrió más sus piernas, dejándolo hacer lo que quisiera con esa parte del cuerpo, la cual se movía de manera sincrónica contra las embestidas que este le daba con su lengua. Una de sus manos se cerró en puños en las sábanas y la otra terminó en su boca, callando los gemidos que, por más que trataba de apaciguarlos, le resultaba difícil. Las grandes manos de Jadiel hicieron un pequeño recorrido por sus muslos, sin dejar de mover su lengua alrededor de su vagina. Aun así, no dejaba de tocarla o de elevar su mirada para ver sus expresiones.
Nadja se encontraba en una nube de placer que la estaba matando lentamente, irónicamente hablando. Cuando pensó que su primer orgasmo se acercaba, Jadiel se alejó; un gemido de frustración salió de su boca. Recibió en respuesta un pequeño camino de mordiscos un tanto dolorosos que dejarían marcas como la vez anterior.
—No comas ansias —lamió su monte de Venus con desvelo—. Vas muy rápido...
—Por favor... no seas cruel. —Ella se levantó de la cama con la ayuda de sus codos—. Yo no soy cruel contigo.
—¿Qué no? —mordió su ombligo sobresaliente—. Sí me haces de todo, hasta cuando hablamos por teléfono. —Besó en medio de sus senos—. Tan mala que eres con tu esposo.
—Siempre eres así de malo conmigo —Nadja agarró su rostro con ambas manos—, pero eres muy guapo y hueles rico.
—Es que yo sí me baño con agua caliente.
Nadja rio ante lo que él dijo y otra vez los labios del hombre la besaron como si su vida dependiera de eso. Sus piernas rodearon el cuerpo del hombre y, por primera vez en toda su vida, se sentía deseada por mucho y todo era gracias a la cercanía de este con ella. Sin embargo, el beso no duró mucho, ya que él, por la poca distancia que ambos tenían, desvió sus dedos traviesos hacia su centro, logrando que ella diera un respingo.