Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja les dio el desayuno a sus hijos como en cada mañana, disfrutando del hermoso momento que tenían, puesto que al día siguiente irían al pueblo vecino para pasar el día disfrutando de las festividades.
Tenía su cabello recogido en un moño un tanto desordenado y bajo, dejando ver que estaba lista para su trabajo. Los días de frío iban quedando poco a poco atrás, pero cuando necesitaba pasar tiempo de calidad con sus plantas, pues buscaba la manera de siempre estar fresca.
—Ya di las indicaciones que mencionaste. —Natacha estaba sentada en uno de los pequeños asientos—. Jadiel me comentó que le sugeriste en la lista que deseabas una pequeña oficina...
—Sí, no pensé que fuera a hacerla, en realidad... —murmuró mirando a los trabajadores poner una pequeña pared de plástico para hacer lo pedido—. Es estupendo.
—Tengo entendido que es más para tener a tus hijos vigilados —la anciana movió el abanico de un lado a otro por unos segundos—. Aun así, las clases inician en unos pocos meses, ¿no has pensado mandarlos a estudiar...?
—No tenemos documentos para ese tipo de cosas, actualmente —contestó, sentándose a su lado—. Ahora mismo, las cosas que saben mis hijos es más por mí que por otros —sonrió con desgana—. La verdad es que leí que es complicado...
—Lees mucho...
—Son días largos los que paso encerrada; tengo que leer algo de vez en cuando o me volveré loca —jugó con sus dedos—. Acerca de los documentos, no sé qué decirle...
—¿Quieres que ellos estudien fuera? —Natacha ladeó un poco la cabeza—. Es un mundo enorme lo que pueden encontrar y es tu decisión el hecho de que tus hijos tengan una buena educación...
—Deseo que ellos puedan tener todo lo que yo nunca pude o podré —afirmó con seguridad—. Ellos merecen lo mejor.
—También veremos lo mejor, y eso está en que debes o puedes decidir tu propio destino cuando quieras y en el momento que gustes. —La anciana se mostró un poco comprensiva con ella—. He conocido a muchas personas a lo largo de mi vida y cada una tiene un pensamiento distinto al de la otra...
—¿Qué quiere decir con eso?
—Lo sabrás en su momento —ella espantó las palabras—. ¿Cómo estás llevando ahora ser la jefa de alguien?
—Pues claro —Natacha rio—. Tienes a empleados siguiendo tus órdenes para la decoración y el reabastecimiento del jardín —le recordó—. No pensé que esto fuera a quedar hermoso...
—Tomé algunos libros prestados que vi en la biblioteca —señaló una pequeña mesita que estaba ahí—. Los leí y tiene buenas referencias otomanas...
—Son libros que hizo Dasha, la madre de Jadiel, cuando estaba estudiando... eran más como sus apuntes —sonrió Natacha con encanto—. Es una mujer a la que le gustaba tomarle fotos, anotar y tener pruebas de cualquier cosa, porque ella decía que nadie iba a arruinarle la vida en la universidad.