Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja se lavó las manos y se quedó unos pocos segundos mirándose en el espejo de la habitación. Se le informó que la mujer que iba a estar ayudando en su tratamiento ya estaba en uno de los salones de la casa, por lo que ya debía bajar lo antes posible.
Sus hijos estaban en el tercer piso, a la espera de su turno. Sin embargo, Leyna terminó metiendo al animal a escondidas de todos y ella no había querido ir a ver el desastre que armó en ese sitio. Caminó con calma por los pasillos y se encontró con Natacha y su abanico hablando con Erik.
—Hola, querida —ella le sonrió de manera cálida—. Hoy hablaste con Jadiel...
—Sí, hablé con él —asintió rápidamente—. ¿La persona que vendrá es confiable?
—Es confiable —Erik intervino—. Jadiel fue quien la escogió entre las candidatas y recuerda que, si pasa algo, puedes decirlo —manifestó—. Los niños también, y si desean que la cambien, no duden en comentarlo.
—Está bien, no importa. —Nadja se veía nerviosa—. Vamos.
Natacha asintió hacia Erik y fue con ella a acompañarla. No podía dejar de mover sus dedos de manera nerviosa, creyendo que nada de lo que pasaba ahí sería bueno.
—No puedo entrar contigo, pero quiero que sepas que si pasa cualquier cosa, puedes decirlo —Natacha repitió—. Puedes llamarme si gustas.
—Sí, muchas gracias.
Natacha la alentó con una sonrisa para que entrara y, en cuanto agarró el pomo de la puerta, quiso girarse e irse de ahí lo antes posible.
—Hola, buenas tardes —la mujer extendió su mano hacia ella—. Soy Tatiana Belyaeva.
—Mucho gusto. —Nadja correspondió el saludo—. Soy Nadja Richter.
—Es un placer, señora Richter. —Tatiana se le quedó mirando—. Es usted una mujer hermosa.
—Oh, uh...
—Descuide, no tiene que contarme nada. —La psicóloga le hizo una seña para que tomara asiento—. Su esposo me contó que hace un tiempo pasó por algo...
—¿Mi esposo? —preguntó extrañada antes de sentarse.
—Sí, el señor Richter, la persona que me contrató para que...
—Sí, sí. —Sus mejillas se pusieron calientes—. Sé quién es mi esposo, es que...
—No tiene que sentirse fuera de lugar, porque todos en algún momento hemos pasado por algo que nos deja fuera de base. —Tatiana tomó asiento frente a ella—. Eres tímida...
—Se puede decir que sí... pero es que yo pasé por muchas cosas...
—Pasaste muchos años en cautiverio —ella anotó algunas cosas en su libreta—. ¿Quieres contarme?