Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Ella se encontraba recogiendo las plantas que estaban de más en algunas partes del invernadero y sonrió bastante al ver que poco a poco iba a tener el espacio que deseaba. Natacha le había dicho que iría alguien más tarde para ayudarla con algunas cosas, puesto que deseaba que ella aprendiera algunas cosas.
Tomó asiento cuando pensó que sus pies no daban para más y dejó salir el aire que tenía en los pulmones. Todo estaba saliendo como deseaba en su vida y, sin duda alguna, deseaba que los buenos momentos nunca se fueran.
Escuchó el martilleo de los trabajadores en ambos lados, desde construir la fuente para que sus hermosas semillas de flor de loto crecieran hasta la pequeña oficina que estaba al otro lado. Sus hijos estaban en el jardín, un poco alejados de los trabajadores y en un lugar donde no se veía.
Leyna estaba con el dichoso bebé tigre y la madre de este al parecer había ido con la familia completa para vigilar a sus hijos. Sí, tenía miedo, pero ver a sus hijos felices era todo lo bueno, y esos animales no los iban a atacar, a pesar de que se le dijo que esos animales eran inofensivos.
—Estás muy tranquila —mencionó Jadiel detrás de ella—. ¿Así es como trabajas?
—Buenos días, señor. —Ella se dio la vuelta e hizo una pequeña reverencia—. Pero sí estoy trabajando.
—Solo estoy viendo que lo estás haciendo de forma lenta y eso no es trabajar...
—No puedo quitar las flores y rosas marchitas de forma brusca porque se daña la tierra que usé —le explicó, cambiando su expresión a una más enojada—. Se nota que usted solo está para molestar y no para ver cómo es que se trabaja en un jardín.
—Yo siempre veo cómo se trabaja en el jardín —él terminó para acercarse más a ella—. A Natacha le gustan tus ideas para el jardín y eso es estupendo.
—Gracias, la verdad es que me esmeré mucho en todo esto. —Ella dejó la canasta a un lado, limpiándose las manos con el delantal—. ¿Necesita algo?
—Solo pasaba por ahí mientras terminaba algunas cosas en la casa. —Jadiel se le plantó en frente y ella dio unos pasos hacia atrás—. ¿Tan pequeña eres?
—¿Es que no lo ve? —se sintió ofendida—. Usted es el que llega al techo.
—Oh, es una pena que no hayas podido crecer lo suficiente. —Le dio unos golpecitos en la frente—. ¿Vas a quedarte todo el día aquí?
—Ya voy a salir, tengo que hacerle el almuerzo a la señora —jugó con sus dedos—. Tengo una pregunta...
—¿Qué es?
—¿Qué hizo con los libros que me compró? —Nadja había querido comenzar a leerlos, pero ni siquiera encontró los otros libros que antes estaban en la biblioteca; más bien eran cosas aburridas que no quería leer.
—Los libros están en otro lado, ya que estás de castigo. —Se agachó un poco y ella frunció el ceño, enojada—. Sabes que pasas mucho tiempo leyendo libros, ¿qué otra cosa?